Irak

¿Debe suicidarse Bush por derrocar a Sadam?

Federico Jiménez Losantos
Es ridículo el esfuerzo de antiamericanos y antiaznaristas por convertir el derrocamiento de Sadam Husein en un alevoso crimen de guerra o, peor aún, de lesa humanidad. Uno de los argumentos, rigurosamente innecesario, que utilizaron los aliados para acabar con el genocida iraquí fue el de la existencia de armas de destrucción masiva que podrían ser utilizadas en cualquier momento. Como Sadam había expulsado cuatro años antes a los inspectores de la ONU, nadie en su sano juicio podía negar ese peligro y tampoco puede negarlo hoy, ni decir que no existían en vísperas de la guerra o que no existan aún en algún sitio. ¿Pero les importa eso algo a los antiamericanos? ¿Les preocupa lo más mínimo a Zapatero, Llamazares, Ibarreche o Rovireche el peligro que suponía Sadam y supone Ben Laden? En absoluto. Para ellos, no hay más peligro que el que representa la democracia más poderosa del mundo y el Gobierno de España, que con Aznar como con González, prefiere ser su aliado en vez de su enemigo.
 
Claro que González ya no se acuerda de cuando enviaba soldados de reemplazo a apoyar a Bush I. ¿Con el respaldo de la ONU? Zapatero ya no se acuerda de que proclamaba que aunque lo respaldara el Consejo de Seguridad, él rechazaría cualquier ataque, cualquier guerra, en cualquier circunstancia. Por otra parte, los USA tuvieron que intervenir en Kosovo ante la cobardía miserable de los europeos sin el respaldo del Consejo de Seguridad, que luego, como ha hecho con Irak, sí ha convalidado y aceptado la invasión, la liberación y la ocupación para preparar una transición a un régimen algo menos peligroso para todo el mundo, empezando por los iraquíes. Pero ¿a quién le importan los iraquíes? El millón de muertos y los cuatro millones de refugiados que iban a provocar las tropas aliadas, ¿dónde están? La inseguridad, es mucha y el peligro, indudable, pero siguen volviendo iraquíes del exilio, confiados en la resistencia militar y política de los norteamericanos. ¿Qué quieren los que claman contra el “engaño” que a ellos no les engañó, porque estaban contra la guerra en cualquier caso, aunque Sadam tuviera armas de destrucción masiva? ¿Quieren que los norteamericanos repongan en el poder al genocida de Tikrit? ¿Quieren que Bush, Aznar, Blair y todos los presidentes de las decenas de países que apoyaron militar y políticamente el derrocamiento del dictador dimitan en señal de duelo por su “error”?
 
Por supuesto, eso es lo que dicen que quieren, aunque todos estos millonarios mediáticos y todos estos políticos izquierdistas se pondrían pálidos de miedo ante la mera hipótesis de que fuera cierto. Al menos, los malvados inteligentes, que son los que dan fuerza y cobertura a la jeremiada de los totalitarios. Éstos, que son tan malvados como idiotas, quizás serían capaces de aplaudir antes de que Ben Laden les cortara la cabeza. Pero, afortunadamente, Bush no les va  a dar ocasión de disfrutar antes de morir. Es injusto, sí, que para defender la civilización occidental haya que hacerlo en bloque, incluyendo a los enemigos que alberga en su interior. Pero, en fin, nadie está libre de cometer errores; nadie es perfecto. Salvo la izquierda, claro, que es un perfecto desastre.
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