Sindicatos

De “correas de transmisión” a pancarteros subvencionados

Federico Jiménez Losantos
Hubo un tiempo en el que UGT era la correa de transmisión en el mundo laboral de las consignas del PSOE, mientras CCOO era la correa de trasmisión del PCE. Como los socialistas y los comunistas nunca concibieron el sindicalismo como una herramienta para mejorar las condiciones de trabajo reales, sino como una herramienta para la desestabilización y posterior conquista del poder político, la afiliación voluntaria y el pago de cuotas brillan por su ausencia y el Presupuesto y el Delito, entiéndase las subvenciones y el FORCEM, son las fuentes de financiación de una inmensa burocracia de vagos liberados. Liberados de trabajar como los demás, claro, a cuenta de lo sensibles que son a las condiciones de trabajo... ajenas.

Sólo desde un piélago de corrupción, no por muy asentada menos insostenible, puede sostenerse la ficción de que los sindicatos trabajan para el diálogo social y la convivencia pacífica de patronos y empleados. La foto de Méndez y Fidalgo con el ministro de turno y el eterno Cavernas es sólo la prueba de la “protección” que la sociedad española paga a esta mafia supuestamente benéfica por no hacer nada o hacer muy poco para estropear la economía nacional. En su favor hay que decir que a veces esa “protección”, por mafiosa que sea, rinde efectos de tranquilidad nada desdeñables. Al cabo, pagar a la mafia no deja de ser una inversión, rentable a corto plazo.

Pero a largo plazo, como los sindicalistas son, casi sin excepción, demagogos colectivistas que odian el liberalismo económico o político y que guardan en su corazoncito colorado la nostalgia del Muro, acaban volviendo a ser “correas de transmisión” del PSOE y del PCE, y pocas veces se ha visto tan claro como en sus movilizaciones contra la guerra, que es para estos veteranos del agitprop sólo aquella en la que participen los USA, su Gran Satán, o el Gobierno español, si estamos en época de huelgas generales a porrillo. Es decir: la guerra de Irak. Otras guerras no les interesan. Ahora anuncian una huelga general de cuatro horas –que naturalmente supondrá pérdidas de muchos millones– de supuesta solidaridad con las víctimas de la guerra, en realidad de solidaridad con Rodríguez Pancartero y Llamazares Molotov. La anuncian para cuando puede haber terminado la guerra, pero el gesto hay que apreciarlo en lo que vale. Y en lo que cuesta.

Hace demasiado tiempo que estos sindicatos sin afiliados, partidos políticos camuflados, cuestan demasiado. Si la corrupción no fuera la única política de la derecha con respecto a esta izquierda, podríamos decir que es hora de acabar con esta mafia sin oficio que hace de la amenaza su beneficio. Hora pasada viene siendo desde hace mucho. Que veamos la hora de que termine este atraco, es harina de otro costal.
A continuación