Cuba, modelo para el totalitarismo vasco

Federico Jiménez Losantos
Los mil millones que el Gobierno vasco va a regalar a la dictadura cubana para “proyectos de promoción social” (cárceles, hospitales psiquiátricos, campos de concentración) son la prueba de que Madrazo no hablaba en vano ni de balde cuando dijo que Cuba era “un referente” para el País Vasco. Eso es cierto, por lo menos, en lo que se refiere al movimiento separatista etnicista (o sea, racista) en el que figura el acólito de Arzallus. No debe caber la menor duda de que el futuro de los vascos en una Euskal Herría bajo la dictadura del nacionalismo sería muy similar al de los cubanos bajo la dictadura de Fidel Castro. En cuanto a los vascos no nacionalistas, su futuro sería el de los cubanos no castristas, cambiando sólo el Atlántico por el Cantábrico.

Después del 11 de Septiembre, hay una tendencia generalizada a separar de la comunidad internacional no sólo a las bandas terroristas sino a sus grupos de apoyo y a los regímenes que brindan sus países como lugar de entrenamiento o acogida de los terroristas. En ese caso está Cuba, promotor de todo el terrorismo iberoamericano de los últimos cuarenta años –las FARC y el ELN de Colombia son los casos más elocuentes– y, a este paso, estará el Gobierno Vasco, cómplice de ETA en el interior y de regímenes terroristas y totalitarios en el exterior, como Cuba. Pero Madrazo tiene una ventaja: la claridad. Ya no hay dudas sobre lo que sería un País Vasco independiente: una Cuba con sirimiri. En cuanto a represión, miseria y corrupción, lo mismo. Con Cebrián en el papel de García Márquez, la copia en papel de estraza sería perfecta.


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