Cuando lo obvio resulta heroico

Federico Jiménez Losantos
Lo grave de las declaraciones de Cristina Alberdi no es que diga lo que piensa sino que lo que piensa y dice sea noticia. Probablemente el ochenta por ciento de la militancia y el noventa por ciento del electorado del PSOE tienen la misma opinión sobre el esperpento de Madrid, sobre el comportamiento de Zapatero, Blanco y Simancas, sobre el disparate programático de Maragall y sobre las taifas y mafias internas del partido. Sin embargo, lo que dice la ex-ministra de González ha caído como pedrada en una charca. No faltará quien achaque su locuacidad al descarrilamiento de las expectativas de su hermana Inés, pero al margen de las razones personales para que se le haya soltado la lengua, lo importante es si lo que denuncia es cierto, porque la verdad es la verdad, dígala Agamenón, su porquero o la prima hermana de la vecina del porquero.

No es fácil saber lo que sucederá en el PSOE tras estas declaraciones. Aunque lo normal sería que se organizase un follón más que mediano, lo previsible es que le pongan sordina al trémolo de Cristina Alberdi y proclamen una y otra vez la doctrina adelantada por el responsable (es un decir) de Prensa de la FSM: los trapos sucios se lavan en casa. ¿Pero no habíamos quedado en que los trapos sucios eran los del PP?

Evidentemente, no. Pero es tan grave lo que sucede en el PSOE que sólo caben dos salidas: la revolución o la continuidad. A pocos meses de las generales y a menos meses aún de dos o tres elecciones autonómicas, cualquier reforma sería técnicamente difícil y resulta políticamente imposible. Al mismo tiempo, sin reformas radicales o revolución al canto, el desastre se ve venir. Y arrastrará a Zapatero, si es que Zapatero no es el desastre mismo. Lo chocante es comprobar una vez más que el abundante alimento espiritual que diariamente les procura a los sociatas el Imperio Prisaico ni les engorda ni les quita el apetito. A lo mejor por meterse con Zapatero y Maragall no le pasa nada, pero dar por hecho que todas las sandeces de la SER y EL País son eso, sandeces, sin relación alguna con la verdad ni con el sentido común, puede provocar una auténtica tormenta, aunque sea en una desportillada taza de té. ¡Quién iba a pensar que Cristina Alberdi acabaría llevándole la contraria al periódico de Leguina y de Solana! A estos desastres conduce la falta de criterio y autoridad de Zapatero.
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