Cortina no quiere ser Villalonga

Federico Jiménez Losantos
Con buen criterio, Alfonso Cortina ha decidido no echarle a José María Aznar el pulso que ya perdió Juan Villalonga. Lo que sorprende es que el presidente de Repsol-YPF no se haya dado cuenta hasta tan tarde de los factores políticos que se habían introducido en los últimos días en la lucha por Iberdrola. Si no hubiera otros elementos a favor de la candidatura de Endesa a la mano de la niña de Oriol, basta el griterío de Arzallus para que el Presidente del Gobierno convierta en cuestión de principio demostrar al nacionalismo vasco que está dispuesto a dar la batalla al PNV en todos los frentes y hasta el final. Sólo el empeño de algunos medios de comunicación en cobrarse en el nebuloso futuro los nítidos favores presentes a Repsol ha alargado más de lo razonable una batalla absurda en una guerra ya totalmente decidida.

Los directivos de Repsol y Gas Natural dicen ahora, y hay que creerles, que nunca han querido dar una batalla contra el Gobierno. Ningún directivo de ninguna gran compañía pretende hacerlo y, mucho menos, confesarlo. Sin embargo, estaban dándola y, tal vez de modo involuntario, han llegado al límite de lo que en la Moncloa se considera tolerable incluso en alguien tan "amigo" como Alfonso Cortina. Probablemente los aires mediterréneos de Formentor han hecho olvidar las neblinas del Cantábrico. Pero el Presidente del Gobierno sólo pasa algunos días en el Mediterráneo. El Cantábrico le ocupa, en cambio, todas las noches. Tal vez Alfonso Cortina lo entienda mejor reposando algunos días en el océano Atlántico.
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