Corporativismo, negligencia y corrupción

Federico Jiménez Losantos
Los colegios de abogados se parecen bastante a los de periodistas, que en muchos casos son un burladero corporativista y una cucaña de ambiciones personales. Pero, si no recordamos mal, Mario Conde y desde luego otros condenados por estafa, fraude y falsificación documental han seguido perteneciendo a sus colegios abogaciles, así que ya nos contarán qué vigilancia ética justifica su existencia, es decir, la colegiación obligatoria. El colegio de periodistas de Granada aún no ha explicado la cerrada defensa del tenebroso reportero de Al Yazira , enviado a la cárcel por Garzón como miembro relevante de Al Qaida. El colegio de periodistas de Barcelona suele sacar periódicamente propuestas de supuesto código deontológico que apenas encubren el código del hampa politizada, no hay sino asomarse a los periódicos de allí y ver la tremenda vigilancia que ejercen sobra la corrupción política... pero al revés. También protege manipulaciones descaradas de imágenes siempre que sea por una causa progre, no en balde el Estanque Dorado es un Charco Amarillo anclado en el modelo de manipulación totalitaria izquierdista de comienzos de los años 70. No hubo Transición.

En cuanto a las televisiones, con el “Prestige” en Nochevieja y la Guerra de Irak en Primavera alcanzaron unos niveles de manipulación política que ni siquiera los más pesimistas podían imaginar. Y ahora vamos camino de reeditar el crimen de Alcácer, que fue un triple asesinato y un verdadero crimen de manipulación informativa. La propia Antena 3 TV tuvo que pedir perdón por el abuso en directo de las emociones desatadas en el pueblo, perpetrado por una famosa presentadora de radio y televisión. Pero lo de Alcácer empieza a ser una broma al lado de lo de la Costa del Sol. David Rojo ha sobrepasado en un caso tan estremecedor como el de Bromwich-King todas las barreras legales y morales en el ejercicio de dos profesiones, la de periodista y la de abogado, aprovechando la incuria, la negligencia y ojalá que no sea también la corrupción de los que deben velar porque las cárceles no sean talleres de escritura creativa o platós de grabación radiofónica al servicio de la manipulación de sentimientos y el amonedamiento del dolor de muchas familias, zarandeadas por sujetos sin escrúpulos. La experiencia nos obliga a ser pesimistas en cuanto a la reacción de la autoridades gremiales, judiciales y políticas. La ética más elemental nos obliga a reclamarla, sin contemplaciones, sin tregua y hasta el final.
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