Cómo 'El País' se cargó una boda por el rito de lo políticamente correcto

Federico Jiménez Losantos

Mientras el régimen comunista cortaba la emisión en directo de Beto a saber, emitida desde México por la persecución judicial que sufre el gran periodista peruano, y nadie, absolutamente nadie, reseñaba la enésima agresión a la libertad de prensa, el pseudópodo del régimen en El País de Madrid llamada Jacqueline Fowks, que con el trotecillo cochinero de su prosa hace lo que puede por la causa senderoide, se inventó una celebración con "esclavos" en la boda de un peruana con un aristócrata español, que habrían celebrado, como corresponde a sus castas abyectas, la conquista y esclavitud de los indios. En realidad, adelantémoslo, lo escenificado era la "Danza de la Soga", vestigio folklórico de las casi desconocidas culturas Moche y Chimu, 1.500 años más antiguas que la inca, y que florecieron en el siglo I en la comarca natal de la familia de la novia, que es de Trujillo.

El motivo de Belén Barnechea, que así se llamaba la novia, hoy feliz esposa de Martín Cabello de los Cobos, para evocar aquella cultura perdida en un rincón de los Andes es que es su propia familia la que ha dedicado más tiempo y dinero a estudiar y reconstruir sus restos arqueológicos. De hecho, su abuelo Guillermo Ganoza restauró Chan Chan y organizó la primera exploración a la ignota Huaca del Sol y de la Luna. Eso es lo que la novia peruana quiso mostrar a la familia de su novio: que muchísimo antes de la Conquista, no del Perú por España, sino de la Celtiberia por Roma, cuando Julio César se mesaba sus ralos cabellos en el templo de Cádiz por no haber conquistado nada a la edad de Alejandro, unos indios guerreros, al otro lado de un mundo desconocido, danzaban a su guisa, porque la Danza de la Soga es eso: una celebración guerrera, a la que se unen mujeres que cultivan y cocinan lo que el campo diera. ¿Habrá algo más multicultural?

Pues El País, comisaría de la desinformación políticamente correcta, lo estropeó. ¿Cómo? Mintiendo, e insistiendo en el bulo de los "esclavos", que hubieran sido moches, no españoles, y que no eran lo uno ni lo otro. Libertad Digital es el único medio en informar de esta canallada a la que se han sumado chiringuitos dizque antirracistas y una exministra de cultura peruana, nombrada por afroamericana y que se niega a aprender algo de la historia del Perú, no vaya a desteñirse. Pero lo grave no es errar, es negarse a rectificar. Y Pepa Bueno, directora de pega, Miguel Barroso, director de hecho, y Urghulian, amo de PRISA se niegan a pedir excusa a novios e invitados de la boda que han arruinado. No los inviten nunca a ninguna.

Don Eduardo

Nada de Camavinga, ni "Cama", ni "Edu". Quiso llamarse Eduardo, no Edouard, como correspondía a un chico francés del Rennes, y hay que celebrar y respetar su elección. Desde que pisó el césped del Bernabéu, con 19 tiernos años en el cascarón, acreditó una elegancia que no se veía desde Fernando Redondo, y en Europa, desde Beckenbauer. Ni siquiera Zidane exhibió una verticalidad tan neta y, al tiempo, natural. No es que levante la cabeza, es que no la baja, para qué, si sabe siempre a quién debe pasarle el balón. Es tanto su mérito, tan singular su desempeño, tan sencilla su forma de vivir su tempranísima gloria como parte de la intemporal del club al que quiso pertenecer, que, de ahora en adelante, cuando veamos un robo como el que, sin esfuerzo, consiguió ante el Chelsea, para mandársela a Vinicius donde no podía perderla y desde ahí alumbrar el penúltimo milagro de San Karim, diremos por lo bajo: "¿Has visto, Don Eduardo?" "¡Qué señor!"

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Eduardo Camavinga celebra con Feder Valverde el resultado del partido | EFE

El Real Zaragoza, entre el anticastrismo y PRISA

Han hecho lo que han podido con las deudas de Agapito, el del PSOE, pero entre el virus y la tremenda dureza de Segunda División, ni César Alierta, ni Cristian Lapetra, ni tantos buenos aficionados han conseguido devolver al club a Primera y a los lauros que otrora conquistó. Por fin han logrado venderlo, tarea digna de Hércules, a uno de esos tinglados multinacionales donde hay varios ricos de variopinta procedencia gestionando varios clubs de dudosa trayectoria: uno de Miami, otro francés, ahora el Zaragoza, y otros por ahí. Lo bueno es que el máximo accionista es un hijo de Jorge Mas Canosa, creador de la poderosa Fundación Cubano Americana que tanto y tan eficazmente luchaba contra la dictadura castrista cuando yo viví en Miami y conocí lo que Álvaro Vargas Llosa llamó El Exilio indomable.

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Joseph Oughourlian presentando el plan estratégico de Prisa | Europa Press

Eso me alegra. He leído la carta del nuevo presidente y me parece bien. Lo malo es que a su lado aparece, sólo con el 1´55%, pero aparece, el francés Urghulian, presidente de PRISA y, por tanto, responsable de esa máquina de infundios antiespañoles, calumnias antiliberales y canalladas sanchistas. ¿Puede ese apéndice de lo peor contribuir a lo mejor, que es sacar a nuestro Zaragoza de la escombrera de la Romareda, de la infalible depresión anual y esas paradas milagrosas, a modo de extremaunción, de Cristian Álvarez? No lo sé. Del veneno de la víbora salen medicinas, pero no sé yo qué clase de ofidio será ese Urghulian. Por la fechoría en la boda del Perú, dudo de que haga algo bueno en el gorigori baturro. ¿Y si repatriamos a Vallejo? En el Madrid no lo aprecian y no ha tenido suerte. Tal vez en este escaparate zaragozano e internacional de Mas y Mahlignian pueda lucir lo que vale.

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