Ciudadanos: una campaña muy larga para un programa muy corto

Federico Jiménez Losantos

Como el fútbol va sustituyendo a los toros y al boxeo como archivo de metáforas de uso político, en los últimos días oímos que "a Ciudadanos se le está haciendo muy larga la campaña". Para los ajenos a las glorias y chascos del balompié, aclararé que eso significa que un equipo se encuentra sin fuerza en el último cuarto de hora de un partido que parecía dominar. De pronto, los extremos ya no desbordan a los defensas con facilidad y, si lo hacen, sus centros se van fuera o se quedan cortos; los medios pierden casi todos los balones en disputa (esos que los comentaristas deportivos, llaman "divididos", como si pudieran partirse en dos, como melones); y los delanteros no atinan a rematar, resbalan o tienen calambres.

A un equipo que va ganando 2-0 pero al que "se le hace largo el partido", le pueden acabar empatando e incluso ganando en los minutos de prórroga, por la clásica pérdida de balón en el centro del campo y el típico despiste de marcaje del defensa central, Hércules en la primera parte, al que se le escapa el delantero bullidor y, pum, el tercero. "El resultado no hace justicia a lo visto durante el partido", dicen los comentaristas lerdos, como si un partido fuera un juicio. "Hasta el rabo todo es toro", dicen los que aún van a Las Ventas. "Le ha faltado el "segundo aire", dicen los que se acuerdan del boxeo a doce asaltos, no doce anuncios, en el que un púgil que va perdiendo a los puntos, por ejemplo Mano de Piedra Durán, le atiza a su rival en el mentón un corto de derecha y le cuentan los diez segundos antes de que terminen los tres minutos del postrer asalto. Los toros se "rajan", el diestro "no ve al toro", el boxeador no encuentra la distancia… será por metáforas.

Sí, a Ciudadanos se le ha hecho larga la semana, y le queda una más, en la que puede tomar ese "segundo aire", que salva a los boxeadores en el noveno, alcanzar ese punto en que el torero "se centra con el toro tras dos tandas sosas y dándole distancia al toro, dibuja dos series de naturales con hondura, vaciando la embestida y ligando los pases, como debe ser".... O no.

El problema es el programa

Yo no creo que a Ciudadanos se les haya hecho larga la campaña sino que el programa se les ha quedado corto, por una sola razón: no lo tienen. Ningún medio ha dado a los candidatos de Ciudadanos tanta oportunidad de explicarse como Libertad Digital/esRadio. Incluso las "primarias" de Madrid las celebraron en La Mañana Villacís y Trabucchelli, lo que se tradujo en una participación de los votantes mucho más alta de lo habitual. El debate de dos jóvenes, guapos, aseados y educados fue un espectáculo Borgen del que nos congratulamos. Pero, metidos en harina y subiendo en las encuestas, los candidatos y el líder de Ciudadanos han tenido que ir explicando qué harían en el Poder. Y ahí, sobre todo en los impuestos, se han empezado a desinflar. Además, han mostrado una preocupante falta de sentido del ridículo, como cuando Rivera habla de la edad para entenderse con él en política, algo así como la "inteligencia generacional" que sin duda le falta a Rivera en el país –y cuerpo electoral- más envejecido de Europa; o el número máximo de personas –dos- que pueden vivir en una habitación so pena de ser borrados del padrón municipal y perder el derecho a votar. ¡Ciudadanos privando de derechos ciudadanos por una sanción municipal!

Estas dos últimas gansadas totalitarias, una, digna del Mussolini de Giovinezza, y otra, de Jean Marie Le Pen, prueban la costumbre, típica de la política televisada, de hablar sin pensar y convertir los principios en muecas. Azaña, que odiaba a Ortega, decía "no tiene ideas; enhebra ocurrencias". Pero incluso tomando en serio –y hay que hacerlo- estas ocurrencias frívolamente totalitarias, lo que empieza a pesarle en las alas a Ciudadanos es su falta de criterio en materia económica y fiscal. Y puede romper la tendencia de robarle votos al PP, filón hasta ahora inagotable.

Es paradójico que el PP pueda salvarse de la debacle absoluta por la propensión socialdemócrata, casi patológica, de C's, cuando el Gobierno de Rajoy ha perpetrado a traición una subida de impuestos más salvaje que la que proponía Izquierda Unida; cuando no ha recortado uno solo de los sueldos y privilegios de la casta política; cuando ha politizado al máximo –y era difícil superar al PSOE- la Justicia, hecho que, a la larga, garantiza que no se podrán hacer negocios sin pagar el impuesto de la corrupción; y cuando, anteayer, Prisoraya anunció un diluvio de millones, al estilo del Plan E de ZP, para comprar la voluntad de los electores. Es un disparate –véase nuestro editorial de ayer- que debería borrar de la mente ciudadana la idea de que este PP ha tenido, tiene o puede tener una política económica mínimamente seria, no digo ya liberal. Estas postrimerías del rajoyismo están desembocando en zafio caspazapaterismo. Mariano quiere comprar su candidatura como Solchaga o Rato en su día: tirando dinero público.

El refugio de Aguirre y la coartada de Aznar

Tras la evolución sorprendente y exageradamente socialista de los candidatos de C's para Madrid, Aguado –defensa a ultranza de lo público, empeño en reimplantar el impuesto de Sucesiones y Donaciones- y Villacís –crítica del dumping fiscal de Madrid que, perjudica a "otros territorios"-, se empieza a producir no un repliegue sino una carrera en pelo en busca del último refugio liberal de los madrileños, que es Esperanza Aguirre, frente a unos señores muy educados y duchados pero que muestran por la propiedad privada aproximadamente el mismo respeto que Podemos, que es ninguno.

La tertulia o mesa redonda del jueves en La Mañana con Luis Garicano, padre del programa económico de Ciudadanos, aún nasciturus (lo que conocemos de él en materia fiscal es mucho mejor que el criminal de Montoro, que conste), me confirma en la idea de que no es que Rivera no tenga una idea clara sobre la economía: es que se ha prohibido tenerla. Y eso le puede pasar factura en tantas candidaturas improvisadas con tanto bobo solemne, tanto amante bilingüe por bífido y tanto progre de Loewe.

Porque en estas, como se saca del rincón polvoriento al santo del pueblo para una rogativa a ver si llueve, Rajoy ha sacado a Aznar, que nos recuerda que hubo un tiempo en que todo el PP defendía, en general, lo que, en particular, algunos candidatos importantes, como Aguirre o Rudi o Bauzá, siguen defendiendo, que ese era el partido liberal-conservador que Rajoy mandó en Elche a freír espárragos. Junto a la idea nacional, claro. Y Ciudadanos, que tiene una idea nacional más clara que este PP eunucoide, carece, sin embargo, de unos principios, de donde vienen las ideas, que se plasman en programas en materia fiscal, que es como decir de libertad.

Así que sí, la campaña se le está haciendo larga a Ciudadanos. Es lo que pasa cuando el líder no sale de la tele y cree que la indefinición es una forma agradable de definirse. Esto no son –aunque también lo sean - unas Elecciones Generales; sin embargo, como dicen en Italia, "cuando no está el gato, los ratones bailan". Los candidatos locales enhebran ocurrencias fatalmente colectivistas y electoralmente funestas. El líder es pero no puede estar en todas partes; supervisa nubes y nublados, pero, agotándose en una campaña que no debería ser la suya, puede perder la que casi tenía ganada.

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