Ciudadanos, entre 'Borgen' y 'El ala oeste de La Moncloa'

Federico Jiménez Losantos

Hace medio año, tras una encuesta en la que Podemos ganaba al PSOE y el PP y Ciudadanos tenían difícil lograr juntos la mayoría absoluta, publiqué en El Mundo una columna, "Borgen, Madrid", que a los que no seguían la serie les sonaría a chino pi-yin y a los que han desconfiado siempre de Ciudadanos les parecería chino mandarín. Pero ya que, según ha contado Mariano Alonso en Libertad Digital, ahora todos los naranjitos están viendo Borgen, e Isabel González me tiene prohibido hacer spoilers de series, voy a reproducir lo esencial del artículo, hoy al alcance de cualquier gugleador:

Las tres breves temporadas de esta extraordinaria producción danesa, para mí superior a El ala oeste de la Casa Blanca, parten de una sorpresa: la llegada al poder de una líder carismática, Birgitte Nyborg, al frente del centrista Partido Moderado, que descoloca y acaba por romper un sistema político de signo socialdemócrata y abonado desde siempre al bipartidismo.

El juego de alianzas entre cuatro o cinco partidos, con mayorías de tres o cuatro y con leyes apoyadas por facciones del Gobierno y de la Oposición alimentan una intriga en la que la información es más importante que los programas de partido (…). Como Dinamarca no tiene más población que la Comunidad de Madrid, es posible seguir casi con exactitud los votos y escaños de los cuatro partidos que se juegan el poder –PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos–. (…)

En Madrid, el bipartidismo dará paso con toda seguridad a las coaliciones –recordemos que el dominio de la derecha se basó en la coalición PP-CDS– y las tendencias que dibuja para las Generales son harto preocupantes para PP y PSOE. Podemos podría ser hegemónico en una coalición de izquierda y para evitarla Rajoy tendría que ceder la Presidencia a Albert Rivera. Eso ya no es Borgen. Es Madrid en Mayo y puede ser España en Noviembre.

La encuesta de El Mundo acertó en lo fundamental y yo también hubiera acertado de no mediar la inveterada capacidad del PSOE para echar a perder lo que de por sí ya está mal en la política española. Podemos, en efecto, destrozó al PSOE y PP y Ciudadanos quedaron a muy pocos votos de la mayoría absoluta –los que seguramente le quitó la maléfica gogó de la Moncloa a Esperanza Aguirre filtrando su declaración de la renta–. No obstante, Aguirre fue más allá de la Hipótesis Borgen –investir a Villacís con la abstención de PP y PSOE– y llegó a ofrecer sus votos a Carmona, con la anuencia de C's, para impedir la llegada de Podemos a la alcaldía que, como los hechos no se cansan de demostrar, ha sido letal para Madrid. Ahí es donde se impuso la infinita capacidad de hacer daño del PSOE, en manos del zetapoide Pdr Snchz, que impuso la entrega de la capital de España a Podemos con tal de fastidiar al PP, a Ciudadanos… y al PSOE. La necedad adobada de sectarismo que define a la izquierda post-zapaterina produce estos disparates, monstruosidades y atropellos al sentido común.

La incertidumbre en las izquierdas

No obstante, la evolución negativa de Podemos y la muy positiva de Ciudadanos en las encuestas ha puesto de nuevo en juego la fórmula de la teleserie danesa: no sería de extrañar que, ante el desafío separatista de Cataluña, se impusiera una alianza de Gobierno PP-PSOE, promovida por González y/o Cebrián. Y sería inevitable, si Ciudadanos se convertía en el cuarto grupo de las Cortes –las encuestas les daban un mínimo de 20-22 escaños–, que los dos grandes partidos contasen con ellos y los incluyeran en esa política de resistencia nacional, o de simple conservación estatal.

Hay un obstáculo: el zapaterismo, adueñado del alma zombie de PdrSnchz, sigue prefiriendo la fórmula guerracivilista de "todos contra el PP" que con tan desastrosos efectos para la sociedad española impuso el PSOE tras las elecciones municipales y autonómicas, pero que, como también se empieza a comprobar, no está rentabilizando el PSOE, incapaz de recoger el desgaste de los populares. En realidad, el proceso de crecimiento izquierdista se ha estancado. Mientras Podemos se consolida muy a la baja –de poder ganar las elecciones hace un año, como partido hegemónico en la izquierda, ha pasado a comparsa del PSOE, de las mareas y de lo que sea, menos de IU, que de amante desairada ha pasado a darle calabazas–, el PSOE no llega al soñado umbral de los 130 escaños, puede que ni a los 120, lo mínimo para tratar de formar Gobierno. Y el PP cae y cae, pero lo que sube y sube en vez del PSOE, sobre todo tras las elecciones catalanas, es... Ciudadanos.

Del vano Margallo y el incierto Iceta al "yo soy español, español…" de Arrimadas

Es posible que el gran salto de Ciudadanos en las encuestas, sobre todo en la de El País, se produjera en la noche del 27S, cuando los jóvenes y guapos líderes de Ciudadanos y sus seguidores se pusieron a gritar "¡Cataluña es España!", y a cantar el "yo soy español, español, español…", con Inés Arrimadas saltando en el escenario. Esa imagen, censurada por la infame TVE de Rajoy, llegó de todas formas al común de los españoles y seguramente les convenció de que esos chicos de Barcelona que huelen a Nenuco y sobre los que no saben muy bien qué pensar son, en todo caso, de los suyos, porque allí tiene mucho mérito gritar "¡Libertad, libertad!" en vez de "¡Barça, Barça!", aunque Inés sea inconcebiblemente culé.

El caso es que en quince días Ciudadanos se ha convertido en una de las tres fuerzas políticas que pueden ganar las elecciones del 20D. Y eso los lleva de Borgen a El ala oeste de la Casa Blanca, cuando un discurso patrióticamente sentimental lleva a los electores a votar con el corazón y a convertir a Martin Sheen en Presidente de los Estados Unidos de América. Si el 18 de Diciembre, en la última llamada a los españoles para votar, hay cuatro apelaciones a la confianza y a la ilusión para elegir a un presidente que haga frente al desafío separatista catalán, ¿en quién confiarán: en Pedro Sánchez, en Mariano Rajoy, en Pablo Iglesias o en Albert Rivera?

Todo es posible en los próximos dos meses y en España ya ha salido gratis nada menos que el 11M, pero creo que, entre los veinte, acaso treinta escaños que las encuestas daban a C´s, y los sesenta, ochenta, incluso cien que yo le pronostiqué al incrédulo Pepe García Domínguez, tal vez estemos más cerca de acertar los que barruntamos un gran vuelco electoral y una decidida o desesperada apuesta nacional. Si así fuera, Rivera podría no sólo elegir Gobierno al que ayudar, sino aliado para que le ayude a gobernar él, sea en minoría o con la ayuda de los dos grandes partidos. Puede parecer descabellado hoy. No lo será tanto si, como parece, Mas gana el CUPonazo de la Generalidad para hundir a Cataluña y, en su caída, acabar con España.

A grandes males, dice el refrán, grandes remedios. Y andamos tan mal de remedios políticos que hasta los más pequeños nos parecen grandes. Hay tanta desilusión en España que quizás sea la ilusión la mercancía electoral más fácil de vender. Y a estas alturas, encuestas aparte, yo sólo veo a un ilusionista –ojalá nos resulte estadista– capaz de hacerlo.

A continuación