Caruana sabe algo grave

Federico Jiménez Losantos
Jaime Caruana es todo lo contrario de un amigo de la publicidad. Hasta ahora, si de algo había pecado al frente del Banco de España era de convencionalismo y de buscar un perfil tan bajo que a veces incurría en obviedades de la Era Rojo, generalmente lamentables. Pero precisamente por eso, por cómo es Caruana y por lo que viene demostrando en el Banco de España, hay que suponer que algo grave ha visto o está viendo en el comportamiento de las cajas de ahorros para salir con unas declaraciones durísimas, sin posible trastienda política, porque los partidos políticos viven apesebrados en las cajas de ahorros y todo lo que hacen les parece bien. ¡Como que lo hacen ellos!

Dos aspectos basicos han merecido la crítica de Caruana: la expansión crediticia excesiva y las inversiones alocadas y peligrosas. Sobre lo primero, no parece que haya demasiado que decir, porque se comenta solo: si luego no les pagan el crédito, que se fastidien. Pero sin duda lo que reviste peligro para las cajas, que suponen, no lo olvidemos nunca, la mitad del sector financiero español, es la política de inversión en valores bolsísticos poco seguros, las operaciones en el extranjero sin saber muy bien dónde se meten y, sobre todo, la participación o incluso la compra de empresas industriales que se apartan por completo de la tradición y de la razón de ser de las cajas. Si una política de sana precaución aconseja separar la banca industrial de la puramente crediticia o de negocios, con mayor motivo sería deseable que algo tan genuinamente apartado de todo lo que no sea el crédito y la acción social como las cajas de ahorro evite esos peligros cuyo primer escaparate es el Japón.

La advertencia de Caruana es, pues, razonable. Por lo que dice y por lo que no dice, pero sin duda sabe. Lo malo es que las cajas las están dirigiendo los políticos y esa parroquia no obedece más que al corto plazo y a la aventura. Si las cajas corren peligro, en él caerán, salvo que Caruana haga un milagro. Pero eso, de momento, no está entre las facultades del Banco de España.

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