¿Cabe la ETA en el Pacto Antiterrorista?

Federico Jiménez Losantos
Que el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo está herido de muerte desde que Zapatero decapitó a Redondo Terreros por orden expresa de Cebrián y González es algo tan evidente como que lo han rematado en Perpiñán y que sus cenizas yacen olvidadas, a fuer de arrinconadas, en cualquier rincón de la Generalidad de Cataluña. Pero como el separatismo es el primer problema de España y el terrorismo constituye su aspecto más impopular, incluso los sepultureros fingen bailotear con el cadáver, como si todavía pudiera dar un paso. Lo grotesco del espectáculo se pone de manifiesto con la fórmula inventada en Barcelona para disimular el protectorado terrorista sobre Cataluña: que entren todos los demócratas, o, simplemente, que entren todos los partidos. Se trata, como siempre, de aislar al PP, aunque sea en compañía de la inmensa mayoría de la opinión pública española, que piensa exactamente lo mismo que Acebes sobre el alborozo de Carod Rovira y que, además, lo diría con mucha mayor ferocidad.
 
Como Llamazares es muy bruto, ya se ha apresurado a decir que rechaza su inclusión en el Pacto, que él no entra en esa secta. Será en la única, porque además de manifestar una irreprimible nostalgia por la Cheka y el Gulag se abonó al pacto de Estella y está incorporado, a través de Madrazo, al Gobierno Vasco, secta destructiva donde las haya. Pero el colmo de los colmos es que los partidos que han estado siempre en contra del pacto, los separatistas de Estella y sus amigos de la Declaración de Barcelona finjan que estarían dispuestos a participar en el Pacto. En su entierro, querrán decir. Sólo falta ya que Azkárraga proponga que entre ETA en el Pacto contra el Terrorismo, porque con todos hay que hablar y quién mejor que los que matan saben por qué dejarían de matar. Daría mucha risa si no diera tanto asco. 
 
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