Opinión

Bono es ya sólo la coartada de Maragall

Federico Jiménez Losantos
Los discursos de españolismo inflamado de Bono serían no sólo oportunos sino emocionantes y galvanizadores contra la modorra suicida de la opinión española si no vinieran del miembro de un Gobierno que se ha puesto a la cabeza de esta “empresa de demoliciones” que significa el zapaterismo ambulante, no, ay, quijotescamente andante. Que el día de la Inmaculada y en una Academia Militar el Ministro de Defensa llame a defender la Patria y la Constitución está muy bien. Que lo haga a las cuarenta y ocho horas de que Maragall, con el respaldo expreso de Zapatero, se haya cargado la propia  celebración de la Constitución en Cataluña resulta una auténtica tomadura de pelo, una broma pesada, un sarcasmo intolerable.
 
El patriotismo se demuestra renunciando al Poder o compartiéndolo con quienes piensan distinto pero son también españoles. Exactamente lo contrario de lo que está haciendo Bono con Trillo y exactamente lo opuesto a lo que está haciendo el Gobierno del PSOE-PSC, cuyo programa de Gobierno ha quedado reducido a un único punto: destruir como sea al PP, detrás del cual se agrupa media España, precisamente la mitad realmente dispuesta a defender la pervivencia legal, moral y real de la Nación.
 
A esa política antidemocrática contra la Oposición hay que añadir, entre otras agresiones a la sociedad civil, la campaña miserable, calumniosa y ridícula del Gobierno y sus padrinos mediáticos contra la Iglesia Católica, la Conferencia Episcopal y la Cadena COPE, que representan también a millones de españoles que, a diferencia del actual Presidente del Gobierno y su híspida Vicepresidenta, entienden muy bien la diferencia entre nación y lo que no es nación, entre España y lo que no es España. Si en este panorama político, dominado por Tartarín de Perpiñán y Pasqual I el Asimétrico, piensa Bono que va a marcar la diferencia o a hacer méritos hablando de Nación, España y Constitución, se equivoca por completo. El Ministro de Defensa, que se niega a depurar las atroces responsabilidades, perjurio en las Cortes incluido, de los altos mandos de la Guardia Civil en la ocultación de pruebas sobre la masacre del 11-M, no es quién para dar lecciones de patriotismo a nadie. Del agente Campillo podría recibirlas.
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