Aznar no hace milagros, pero casi

Federico Jiménez Losantos
La recuperación de las Baleares compensará seguramente la dolorosísima pérdida de la Comunidad de Madrid y, en conjunto, puede dejar al PP en un estado de beatitud cercano al éxtasis, porque, además, Álava sigue en manos de los nacionales y la lectura política del resultado balear refuerza la credibilidad de todo lo nacional y desprestigia las aventuras de la olla podrida progresistas-nacionalistas, que es la apuesta estratégica del PSOE para las generales de Marzo del 2004. Aznar, por tanto, sale ileso del envite zapateril y puede presumir de ciencia infusa, presciencia y adivinación, porque cuando hizo candidato a la alcaldía madrileña a Gallardón era evidente que daba por perdida la Comunidad. Pero, a la vista de los resultados, es evidente que Gallardón hubiera conservado cómodamente la Comunidad y Esperanza Aguirre o el propio Manzano hubieran conservado el Ayuntamiento de la capital. Tendrán que explicar Arenas, sus arriolas, sus malos y sus werts de dónde sacaron aquellas encuestas catastróficas de antes del verano, que tantos estropicios estratégicos han producido. Sin el repeuzno de entonces, hoy hablaríamos de una victoria moral y material del PP casi aplastante.

Sin embargo, sería injusto culpar a Aznar de lo que sin duda es culpable sin reconocer los méritos que sin duda tiene. Él ha tomado sobre sí el peso de la campaña electoral, él ha sabido drenar la pérdida de apoyo que supuestamente provocó su apoyo a Bush y Blair en la guerra de Irak. Él ha llevado la inciativa de la campaña y no puede decirse que partiendo de donde partía hace tres meses su resultado sea mediocre. Al contrario: el PP está en mejores condiciones que antes del 25-M para continuar en la Moncloa con otro inquilino. Aznar no hace milagros, como prueba el fiasco de Madrid, pero casi, como prueba el resto de los resultados nacionales. Zapatero es, quizás, el que peor parado sale de este plebiscito que han ganado los que tenían que irse y han perdido los que llegaban a quedarse. Zapatero y Polanco, porque ya se ve que la influencia de la SER en la opinión pública española sigue siendo como en el 2000, cercana a cero.

La gran cuestión ahora es ésta: ¿volverá el PSOE a plantear una estrategia de guerra civil en la calle como alternativa a las urnas? ¿Hará la “oposición salvaje” que ha anunciado en Madrid? ¿Seguirá la coalición Zapatero-Llamazares, con el inestimable apoyo de Arzallus, presentándose como la alternativa de Gobierno al PP? Pronto podremos verlo. O padecerlo.
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