Ayuso centra a la Derecha: "O socialismo o libertad"

Federico Jiménez Losantos

La historia de la nación española está llena de héroes populares que, por ética o por patriotismo, se lanzan a defender lo que la clase dirigente ha dejado a su suerte. El “¡Dioss qué buen vasallo si oviesse buen señor!” del Cantar de Mío Cid, llega, a través de la Guerra de la Independencia, hasta nuestros días. Pero no cabe abandonarse a la espontaneidad de las masas, tan fácilmente manipulables y que a menudo desemboca en el “¡Vivan las caenas!”. No siempre el héroe que defiende una causa noble es del pueblo llano. De hecho, el último héroe popular que se lanzó casi en solitario a defender España ha sido Felipe VI. Eso sí, el pueblo español reconoció su gesto inmediatamente, sacó su bandera no se sabe de dónde y se echó a la calle. En aquella “España de los balcones” basó Pablo Casado su intento de resucitar al muerto del PP de Rajoy, Soraya y Cospedal. Pero se cayó del balcón o lo tiraron y el proyecto del nuevo PP se ha ido pareciendo tanto al viejo de Rajoy que el 14 de febrero, en Barcelona, amaneció casi cadáver. 

Arrimadas hace con el PP lo que el PP con Vox 

Pero un proyecto no es un partido. Y el PP sigue siendo el que tiene mejores cuadros en la administración del Estado. Lo que hacía frágil al PP de Casado era el voluntarismo para resucitar al PP de Rajoy, sobre todo si se decapitaban los símbolos de la alternativa al social-comunismo que, por culpa de Rajoy, padece España. Esa alternativa la simbolizaban Cayetana dentro del partido y Vox fuera de él, con Ciudadanos perdido en la bruma. Y antes de las elecciones catalanas Casado y su grupo de confianza, con Teodoro a la cabeza, echaron a Cayetana y rompieron con Vox, en ambos casos con un estilo infame que, a la postre, les ha enajenado su base social. 

Pero no toda. La Comunidad de Madrid, es decir, Isabel Díaz Ayuso, ha librado en el último año una guerra sin cuartel contra el Gobierno social-comunista, y ha sido tan injusto, salvaje y rastrero el trato a la presidenta de la Comunidad, tan abandonada también por el teo-casadismo que hasta la enfrentaron con Almeida y le negaron la presidencia del partido, que a los ojos de la opinión pública, tan sensible políticamente en Madrid, se ha ido convirtiendo en referencia y valor político por sí misma, no al margen sino a pesar del PP. Y, curiosamente, eso ha salvado, al menos por esta semana, al PP. La duda es si Casado y Teodoro son capaces de entender lo ocurrido. 

Desde el asentamiento, pandemia mediante, del proyecto totalitario social-comunista, la clase política de derechas ha ido resignándose a una supremacía total de la izquierda en la que la derecha es sólo un mecanismo de reemplazo temporal de un modelo de sociedad impuesto a la fuerza. Se le permitiría compartir las migajas del poder siempre que abandonaran a su base social, mediante embelecos como la “centralidad” o la “moderación”. Visto desde el esperpento de Murcia, lo que han hecho Arrimadas y Casado desde que Sánchez formó Gobierno con Iglesias es lo mismo: renegar de su base social y unirse a lo políticamente correcto y mediáticamente admitido, que es romper “la foto de Colón”, es decir, la unidad de los tres partidos, PP, Cs y Vox, que hoy defienden al Rey, a la Nación y a la Constitución. 

Arrimadas, encaramada a los escombros de Rivera, ha zigzagueado siempre hacia esa rendición, apoyando a Sánchez contra Iglesias, o sea, engañándose a sí misma y pensando que podía engañar a los votantes. Su fracaso en los Presupuestos mostró que para Sánchez era como la canción de Gaingsbourg para France Gall: “une poupée qui dit non, non, non”. Pero sólo una muñeca, que, con unos mimitos, en Murcia decía: “oui, oui, oui”. 

La estrategia de Casado ha sido como la de Arrimadas, pero al ser más importante el partido y clausurar un proyecto de alternativa y no de complemento, se ha notado más. El paso simbólico fue la decapitación de Cayetana mientras se pactaba el CGPJ, es decir, se obedecía a Moncloa. Pero el golpe real fue su ruptura con Vox en la moción de censura de Vox contra Sánchez, que Casado convirtió en moción contra Abascal pensando en las elecciones catalanas. Y allí se vio que la base social de la Derecha, común a PP, Cs y Vox, no se fiaba de Inés ni de Casado. Fue el momento elegido por Moncloa para convencer a Inés de que traicionara los pactos con el PP y le entregase Murcia, Castilla y León, Madrid y Andalucía. E Inés, de mil amores, accedió. El PP había roto con Vox y Cs con el PP. Pero, insisto, ambos hacían lo mismo: una casta política preocupada por su futuro traicionaba a su base social, la España que odia al Socialcomunismo. 

Ayuso sí que ha centrado al PP 

En Libertad Digital y esRadio hemos ido dando en primicia todo el proceso que en una semana ha destrozado esa calma chicha que decían los medios, apesebrados e idiotizados, que nos reservaban los próximos dos años. Hemos tenido la suerte de que el primer movimiento, el éxito del PSOE a lomos de Cs, lo celebraran en detalle los bardos monclovitas. La estrategia de Sánchez se basaba en dos puntos: la colaboración de Inés y la parálisis de Casado. Y acertaron: ni Inés vaciló en engañar a su partido ni Casado reaccionó en Murcia y las comunidades que gobierna con Cs. LD adelantó el viernes lo que pasó el miércoles, aunque venía sucediendo desde un mes atrás, sin que en Génova 13 se enterasen: el acuerdo total de Sánchez y Arrimadas, gestionado por Ábalos y Cuadrado, para acabar con todas las bases de poder alternativo al social-comunismo. Tan lógico es que el socio de Bildu, ERC y Podemos lo intentara como que Cs, que nació para luchar contra el nacionalismo y al socialismo se negara en redondo. Pero, y perdón por el chiste fácil, Redondo era Cuadrado. Y lo aceptó. Ayer publicó ABC que Inés se lo había contado a Aguado hace un mes. O sea, que el traidor que apoyó a Illa contra Madrid, lo supo desde el principio. Por eso agarró la rabieta que agarró cuando vio que perdía la Presidencia. 

La víspera de la moción, porque Murcia es pequeña y el apaño era escandaloso, la conocía el PP, pero no convocó elecciones. Vox le ofreció a López Miras cambiar la Ley para que pudiera presentarse a un tercer mandato, pero éste, o Teodoro, o Casado, o la sombra de Rajoy, hicieron lo mismo que éste ante la moción de censura de Sánchez: dejarle el Poder a la Izquierda antes de que pudiera ganar las elecciones otro partido: Cs o Vox. El cálculo de Moncloa era correcto: el PP quedó paralizado. Pero Ayuso, no. El factor individual, típico de la Derecha, suele escapar al cálculo de la Izquierda, tan colectivista e hiperlegitimada que pierde de vista la realidad. 

Al no convocar elecciones el PP de Murcia, Ayuso se quedaba sola. Como ha estado este último año. Y sola decidió que no le iban a madrugar la Presidencia los rojos y los pomelos, naranjas por fuera, rojos por dentro. Y como todo político en democracia asediado por la corrupción partidista hizo lo único decente: acudir a las urnas. Pero al disolver, Ayuso hizo algo más: un discurso que no era una explicación del lance sino una llamada al combate político resumida en la frase final: o Socialismo o Libertad.

Eso, exactamente eso, es lo único que puede y debe unir a toda la oposición al social-comunismo. Eso, exactamente eso, es el centro, el punto de unión de las fuerzas que se oponen a la apisonadora colectivista. Hay un centro de la izquierda totalitaria, que es el Gobierno social-comunista; y un centro de los enemigos de esa izquierda, que es la defensa de la libertad, la propiedad privada, la Nación y la Constitución. Es decir, Madrid. Que es lo que votaremos el 4 de mayo: la España que simboliza el Madrid de Ayuso. 

El rebote murciano de Teodoro 

Sin la decisión de Ayuso nada de lo que luego pasó en Murcia y de lo que puede pasar mañana en la Ejecutiva de Ciudadanos hubiera pasado. De hecho, fue como si al PP infartado y moribundo le aplicaran el choque eléctrico para devolverlo a la vida. Y volviera. Teodoro recordaría la razón por la que Casado ganó el congreso del PP, que fue la negativa de Cospedal a que la presidenta del PP fuera Soraya. Y como Inés había decapitado a una Franco para poner en su lugar a una Vidal, y cada una tenía tres de los seis diputados pomelos que a regañadientes habían firmado la moción de censura, fue cuestión de negociar y ofrecer a una la derrota de la Otra. Era una solución caciquil a una cacicada monumental, más decente –dentro de lo indecente– que entregarle a la Izquierda una Comunidad que la detesta. 

Pero, aunque han sido Inés y sus padrinos monclovitas los que han quedado en ridículo, no cabe olvidar que Cs ha entregado el Ayuntamiento al PSOE y Podemos, aunque perdieran la Comunidad, por sucios y tontos. Y que todo se debe al abandono de Cs y también del PP a su base social. Si Vox podía ganar en Murcia las elecciones es porque no reniega de sus bases, cada vez mayores. En parte, es mérito suyo. En parte mayor, porque no se rinden al PSOE. Si Ayuso gana, como merece, el 4 de mayo, será por el voto de Vox. Como dijo un oyente de esRadio: “yo voto a Abascal, pero de bien nacidos es ser agradecidos; así que, en Madrid, votaré a Ayuso”.

La campaña contra ella será tan salvaje como siempre. Y como siempre, la superará. Ya veremos si PP y Cs han aprendido su lección: si abandonas, te abandonan.

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