Opinión

Aviones seguros, féretros probables

Federico Jiménez Losantos
Aunque no es cierto, por desgracia, que la demagogia acabe pagándose en la vida política –ahí está el peronismo y el mismo PSOE que prueban lo contrario– parece difícil que toda la verborrea antimilitarista y pseudopacifista del socialismo pancartero resista la prueba del paso por el poder. O la confrontación de los hechos y los dichos, que es a lo que se enfrenta Zapatero a partir de ahora en materia de intervenciones militares en el extranjero. Es retorcidamente siniestro que ZP trate de disimular la incoherencia de enviar a Afganistán las tropas que ha obligado a desertar de Irak recurriendo a los muertos del accidente del Yakovlev 42. Evidentemente, Rubalcaba no es el único buitre del PSOE. Pero más le vale no presumir de los “aviones seguros” en que va a enviar a nuestros soldados, porque, por desgracia, es muy probable que también sirvan para transportar féretros.
 
A la guerra se va a morir y a matar. Por buenas razones o por malas, ahí está la clave moral y política de cualquier conflicto armado y del uso de la fuerza en general, pero ese es el precio de la milicia y es absurdo disimularlo. Para recoger florecillas ya hay otros lugares y otros oficios. E incluso cazar mariposas es un deporte de riesgo en zonas como Afganistán y Haití. Es inevitable que en una guerra, incluso cuando se participa en misiones de pacificación, se produzcan bajas. Vamos a ver cómo recibe ZP los ataúdes, “sus” ataúdes, después de haber arrostrado todas las indignidades civiles y militares para evitárselos en la campaña electoral europea. Tenemos una temporada sin elecciones por delante, pero los muertos son igual de muertos en cualquier fecha y las noticias, también. Veremos en qué queda la demagogia pacifista y la apología de la deserción. Por de pronto, ZP ni quiere, ni puede ni sabe explicarnos por qué los soldados españoles tienen que jugarse la vida en Haití y no en Irak. Bueno, poder sí puede: para mejorar su imagen en la comunidad internacional, para jugar al escondite con Bush y hacerle cucamonas a Chirac. Pero al primer muerto ya no bastarán las salidas de tono ni de pata de banco. La única incógnita es qué harán los titiriteros del “No a la guerra”. A lo mejor se van voluntarios a Haití.
 
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