Iberoamérica en ruinas 13/

Argentina: mucha compasión y ni una buena idea

Federico Jiménez Losantos
“Telenoche”, un informativo de una cadena de televisión argentina, un día cualquiera del mes de Agosto. Noticia de apertura: resuelto el secuestro de la madre de un intendente (alcalde) que ha conseguido escapar por su propio pie de sus captores en plena catedral, cuando uno de sus hijos llevaba a los captores veinte mil pesos, rescate reunido por la familia según confiesa a la puerta enrejada de su jardín el propio intendente. Sugiere el reportero que se trate una venganza dentro de la guerra interna del partido peronista (PJ), cosa que el político ni confirma ni quiere negar. Reportaje especial: “Otro argentino sin futuro”. Imágenes terribles etiópicas de un niño casi muerto de hambre en la antaño disputada y casi siempre olvidada región del Chaco. Noticia de amplio desarrollo: el cierre de escuelas en la tierra natal de Sarmiento, porque los maestros hace cinco meses que no cobran. Aulas desiertas, puertas que chirrían, niños que quieren volver a clase, maestros que querrían darla, profesores malviviendo de una “Olla Popular” en plena calle. Noticias institucionales: el Senado renuncia a rebajar un 12 por ciento el sueldo a sus trabajadores, como al resto del funcionariado. El director del noticiero musita que podría ser un trato de favor, discriminatorio. Pausa. Fútbol: Riquelme ha popularizado en Barcelona, dicen, la celebración de sus goles con un saludo a lo Topo Gigio. Imágenes de la brasileña Xuxa besando con insistencia al animalito de trapo. El presentador del informativo recuerda que la presentadora actuó hace años con el Topo. Ella no agradece demasiado tanta memoria.

La última información pertenece a las “noticias de interés humano”. Y sin duda lo tiene: un grupo de jóvenes con aspecto de universitarios, de buena familia o buenas costumbres, se dedica voluntariamente a enseñar a los mayores el uso de las tarjetas de crédito y otras tecnologías para cobrar la pensión. Una bella muchacha, muy formal, que oficia como portavoz del grupo dice que lo último que puede perder el país es la esperanza y que así, además de ayudar a quien lo necesita, mantienen viva esa ilusión de cambio que los políticos no saben concretar. Otra chica dice que sin amor nada es posible. Un muchacho con corbata y pelo corto calcula el número de voluntarios que necesitarían para cumplir su noble tarea. Termina el reportaje con los conmovidos comentarios de mayores ayudados y de la propia presentadora, ahora más contenta que el presentador. Última hora política: la crisis del peronismo puede impedir las elecciones internas del partido, ya en los tribunales, y favorecer la continuidad de Duhalde hasta final del 2003. Menemistas y duhaldistas están ya al borde de la ruptura total. Termina el informativo. Caras largas. Sonrisas tristes. Fin.

En conjunto, todo el programa informativo, de correcta factura técnica, está impregnado de compasión, de buenos sentimientos, de piedad hacia los débiles, de preocupación por el futuro nacional. La sucesión de noticias capaces de conmover a cualquiera resulta abrumadora. Pero hay algo que suscita distancia, desconfianza. Aparte de la propia superficialidad del medio televisivo, quizás sea una especie de buena conciencia en la exhibición de la pena, una teatralización de la tragedia, cierta forma aparatosa pero banal de presentar las cosas sin buscar las causas. Lo único que no hemos visto en esta impecable película de la tragedia cotidiana es cómo podría remediarse. Como si nadie aceptara su parte de error y de responsabilidad en la ruina. Como si no fueran la falta de valores y las ideas políticas equivocadas las que han llevado al país al abismo. Como si la hipertrofia de los sentimientos a costa de las ideas no le hubiera resultado ya demasiado cara a la Argentina.
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