Aquí sólo se ve lo que se quiere ver

Federico Jiménez Losantos
Afortunadamente para nuestra salud mental, sabemos que Blix fue el inspector de la ONU elegido a la carta por Sadam Husein cuando los norteamericanos empezaron a ponerle la proa y tuvo que fingir que colaboraba con los que había expulsado cuatro años antes. De otra forma, pensaríamos que Blix está loco o quiere volvernos locos a todos. Todo es mucho más sencillo: el desvergonzado sueco quiere seguir en el candelero y cobrando dietas, para lo cual redacta unos informes que cada cual pueda entender a su gusto. Lo esencial de cada documento no es falso, queda diáfano que Sadam no cumple ni con las leyes impuestas y aceptadas ni con las normas de mínima cortesía que se exigen en las relaciones internacionales, pero siempre añade algunas frasecitas que matizan sus propias aseveraciones. Así, los enemigos de Bush tienen argumentos o pseudo-argumentos a los que acogerse para negar la necesidad de un ataque. Eso sí, pocas veces ha llegado tan lejos la desvergüenza como en el argumento francés (y felipista-zapaterista-llamazarista-convergente-peneuvista, etc.) de que lo mejor para evitar la guerra son esas inspecciones... que sólo ha readmitido Irak cuando los USA se han mostrado dispuestos a hacerle la guerra.

Evidentemente, los informes de Blix y los numeritos iraquíes como esa destrucción de cuatro misiles para entretener a los periodistas destacados en Bagdad sólo pueden ratificar en sus tesis a los que piensan que Sadam no tiene remedio y que hay que liquidar su régimen. Y como creen que esta situación debilita a la administración norteamericana, sus enemigos se ratifican igualmente en sus posiciones, que en lo esencial son de boicot y de desgaste, convencidos de que la decisión de la guerra está tomada y que entre el tirano iraquí y el legalismo de los USA y sus aliados europeos (todos menos el Trío de la Bencina, léase petróleo: Francia, Alemania y Bélgica) tienen amplio espacio para sus corvetas diplomáticas. Así las cosas, no parece que la situación pueda evolucionar en ningún sentido y sólo cabe descifrar el último secreto: si hay guerra, que parece que va a haberla, cuándo empieza. Si la decisión está tomada, probablemente cuanto antes, mejor.
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