Ante el desafío de Mas, PP y UPyD pactan contra Ciudadanos

Federico Jiménez Losantos

Este fin de semana, la actualidad política española -que no es la de los partidos políticos, aunque a veces lo parezca- nos ha regalado dos propuestas sorprendentes: el PP ha ofrecido a todos los partidos nacionales en Cataluña un frente común contra el separatismo catalán, pacto rechazado de inmediato por todas las fuerzas estatales y nacionales excepto UPyD. A su vez, UPyD ha votado unas condiciones para pactar con otras fuerzas que no tienen otro sentido que negar el pacto con la fuerza política nacional más afín, que es Ciudadanos. O sea, que mientras Rajoy planteaba, por primera vez en tres años de rebelión separatista catalana, un pacto para ser rechazado, UPyD redactaba los términos de un acuerdo para no firmarlo.

Y sin embargo, con esos dos faroles aparentemente absurdos, Rajoy y Díez han mostrado su verdadera política de alianzas sobre Cataluña, que se resume en un punto: no pactar con Ciudadanos, justamente el partido no nacionalista que en todas las encuestas aparece como el más votado en esas elecciones autonómicas de tipo plebiscitario que seguramente convocará Mas como alternativa al referéndum y también como forma de sustituirlo. Porque, a despecho de la legalidad o ilegalidad, el objeto de ambos es y será el mismo: no el legal de representar a los catalanes en el Parlamento regional sino el de legitimar su ruptura con España: el Estado y la Nación.

Conviene recordar que hasta hace un año, el PP ha intentado pactar con CiU la cancelación del referéndum y que, a cambio, Sánchez Camacho ofreció una reforma de la Constitución que concediera al separatismo una suerte de soberanía económica, educativa y cultural de hecho, aunque no de derecho. Rajoy se ha cansado de decirlo: "aunque quisiera, no podría aceptar lo que Mas me plantea". Claro, porque es clamorosamente ilegal. Pero tanto el verano pasado Sánchez Camacho como esta misma semana Pedro Sánchez en nombre de PSOE sí le han ofrecido a Mas una reforma constitucional que supondría el fin de la soberanía nacional española y de cualquier igualdad teórica, no sólo práctica, de los ciudadanos ante la ley. Por supuesto, esto no frenaría ni apartaría de su cauce el plan separatista, pero permitiría –o eso creen- a PP y PSOE salvar la cara ante sus votantes en las elecciones municipales, autonómicas y generales del año que viene.

Esto prueba que ni la Derecha ni la Izquierda mayoritarias piensan cambiar de política con respecto al separatismo dizque moderado catalán: algo menos de soberanía a cambio de algo más de tiempo. Luego… a saber.

El problema es que ya es luego. Rajoy puede fingir que enfrentarse al referéndum es lo mismo que enfrentarse al separatismo, e incluso, junto al PSOE, comprar un año de tranquilidad electoral a cambio de rigor legal. Pero sólo una política a largo plazo de resistencia al separatismo puede, tal vez, invertir la tendencia a la destrucción de España que tiene su comienzo en Cataluña pero, evidentemente, no su fin. Y esa política que, en términos democráticos, pasa necesariamente por reforzar el factor español en la política catalana, supone pactar, en serio y a largo plazo, con Ciudadanos. No es, hoy por hoy, suficiente. Sí es, hoy por hoy, imprescindible.

No obstante, pese a la gravedad del momento, Rajoy prefiere pactar con Mas al modo clásico, en el parlamento de Barcelona y en el de Madrid, reforzando en uno la mayoría del otro, antes que militar en la oposición a una política de persecución contra todo lo que significa España y lo español, empezando por la lengua común y la igualdad ante la ley. Para el PP, la Derecha instalada, el juego no cambia si alguien se salta las reglas: se cambian las reglas, entiéndase las leyes, y santas pascuas. El PSOE, por su parte, sólo aspira a ocupar en esa política el lugar del PP. Como y con quien sea.

Electoralismo y blindaje del liderazgo son, en España, una misma cosa. Rajoy aspira a seguir mandando y Pedro Sánchez aspira a aspirar a mandar ¿Y a qué aspira Rosa Díez? También a mandar, naturalmente, aunque sólo sea en UPyD. Hemos de ver en Madrid defender juntos a PP y UPyD la unidad de España mientras proscriben y marginan a Ciudadanos, los defensores casi en solitario de la plaza menos fuerte de la nación, que es Cataluña. A eso han llegado unos y en eso se están quedando los otros.

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