Amor se escribe sin hache y Leticia sin zeta

Federico Jiménez Losantos
El Príncipe de Asturias y su prometida han hecho muy bien en recibir juntos a los informadores habituales de la Casa Real y comunicarles que se quieren horrores, quiero decir muchísimo, que quieren fundar una familia, tener hijos y que ella puede ser una buena reina de España. En realidad, aunque esto es fácil decirlo “a toro pasado”, tenían que haber empezado por ahí, y no dejarse mecer, casi apadrinar, por la oficiosidad y el autobombo de TVE, que le ha hecho muy flaco favor a la futura Princesa de Asturias. A nadie le interesa saber lo que piensa Urdaci sobre este asunto, salvo a Urdaci. A nadie le importa lo que piensen sus compañeras de redacción, salvo a sus compañeras de redacción. Sólo un gremio tan infatuado como el periodístico puede haber asumido la noticia que los españoles llevan esperando desde hace demasiados años como una especie de lotería que ha tocado en el Pirulí.
 
Pero ese mal ya está hecho y lo hecho, o mejor, lo deshecho, deshecho está. Por fortuna, nada es irreversible y el remedio es bien sencillo: que sean ellos, Felipe y Leticia, los que de forma pensada, calculada y controlada vayan presentándose a los sectores que consideren oportunos de la sociedad española para que en los meses que faltan para la boda vayan mejorando unas encuestas de aceptación que, sinceramente, sorprenden por lo bajísimo de sus cifras. Está claro que el calentón informativo de RTVE ha sido contraproducente, quizá porque la opinión que los periodistas tienen de sí mismos no es compartida por la gente normal. Pero también eso puede mejorar si es que hay alguien todavía que conserve el sentido común y la cabeza fría en la Zarzuela. Y que tenga, naturalmente, la humildad de reconocer que casi todas las improvisaciones salen mal.
 
Hay tiempo para rectificar errores porque la gente normal, los españoles que deseamos que la Corona sirva, y sirva bien, a España, deseamos que este matrimonio sea feliz, que será el mejor camino para que sepa sacrificarse, como ha sabido hacer la Reina, en aras de la nación. No hay vetos de fondo ni tampoco manías. Sólo sensatez y ganas de que la cosa salga bien, porque casarse es una cosa muy seria, y si los que se casan son los futuros Reyes de España, todavía más.
 
Y, puestos a empezar a rectificar, no estaría de más que la futura Reina de España entendiera que su nombre no puede pasar a la historia con una falta de ortografía, por simpática que a ella le resulte el error del italiano que apuntó mal su nombre en el registro. Nadie hallará en los anales de la monarquía española “Halfonso XIII”, ni “Celipe V”, ni “Hisabel la Katólica” ni “María de las Merzedes”. Leticia, que es un precioso nombre latino y que significa alegría, no puede convertirse en un motivo más de tristeza para los que constatan la ignorancia y el desprecio de los españoles por su idioma. Como “nombre artístico”, semejante al de “Raphael”, lo de “Letizia” podía pasar. Como nombre en español de la Reina de España, no. “Amor se escribe sin hache”, tituló Jardiel Poncela barruntando la LOGSE. Y Leticia se escribe sin zeta, si es que se quiere escribir sin faltas de ortografía. Por cierto, Felicidades; no “Felizidades”.
 
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