Tras la visita del Papa

Ahora sí que todo está en el aire

Federico Jiménez Losantos
Temían mucho en el Gobierno y en el PP la visita del Papa. Pese a que la prudencia en las manifestaciones sobre la guerra de la Conferencia Episcopal española fue más que notoria, sobre todo viendo la perspectiva violenta y antidemocrática que tomaban las masivas algaradas callejeras, el grado de manipulación de la posición vaticana, o los flancos evidentes que presentaba para esa manipulación, tenían a las gentes de Aznar con el alma en vilo.

Podía ser una visita esencialmente cordial que quitara hierro a las diferencias conceptuales entre los aliados y el Papa, aliviando de paso las conciencias de los votantes más escrupulosos del PP. Pero también podía dar lugar a un verdadero acto de negación de cualquier guerra y por tanto de cualquier gobierno que la apoye, con lo que la situación de Aznar podía ser tan delicada como afortunada para la oposición. Se temía un plebiscito juvenil contra Aznar en presencia del Papa, lo que vendría a significar el jaque mate a las expectativas electorales inmediatas e incluso mediatas.

Y es que los augures, arúspices y encuestívoros más acreditados del PP están convencidos de que el gran agujero en la expectativa de voto lo ha abierto la guerra entre los jóvenes y las mujeres, especialmente los que votan por primera vez. De ahí el escalofrío que les entraba al pensar en centenares de miles de jóvenes de toda España congregados en torno al Papa. Y luego, el gigantesco referéndum a pie de la Castellana.

¿Y qué ha sucedido? Probablemente lo mejor que podía suceder, a corto y, sobre todo, a medio y largo plazo. El Papa ha mantenido tres mensajes: la defensa de las raíces cristianas de España, la defensa de la unidad nacional frente al nacionalismo exacerbado y la posición moral clásica del cristianismo que en principio es contraria a la violencia y a la guerra, pero en términos generales, sin especificar guerra ni violencia. Como además el mensaje puramente religioso, con la canonización de cinco nuevos santos, ocupó el lugar central de la visita, y como el aspecto visual de la visita, en lo que se refiere a las autoridades civiles, no pudo ser más cordial y afectuoso, en realidad como todo el viaje, que ha salido redondo, en el Gobierno han exhalado un largo suspiro de alivio.

Ahora bien: no ha sucedido lo peor. ¿Significa eso que esta visita ayudará a la base social y electoral del PP a reconciliarse con sus representantes? Imposible saberlo. Se han aventado los temores, pero permanecen las incógnitas. Hasta el día 25 a las ocho de la noche no empezarán a despejarse. Y ni siquiera entonces se despejarán todas.


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