José María Aznar

A este paso, saldrá a hombros

Federico Jiménez Losantos
El presidente del Gobierno, y del PP, líder indiscutible de la derecha española, va camino de salir a hombros de la Moncloa para entrar triunfalmente en la Historia. Está en un momento de forma excepcional y la misma parálisis que crea en el partido su irresuelta sucesión magnifica sus movimientos y da mayor eco a sus pronunciamientos. Si no supiéramos que su exuberancia en puertas del verano puede deshacerse y trocarse en medrosidad otoñal, apostaríamos por unos felicísimos meses finales en la Presidencia del Gobierno. Pero, al margen de la musa del escarmiento, no es fácil que volvamos a ver aquella fortaleza contra la huelga general naufragando en las encuestas arriolescas y el tul ilusión. Si el inmediato debate sobre el Estado de la Nación no encalla en arrecifes imprevistos, todo conspira para que en septiembre Aznar designe sucesor entre férvidas ovaciones, sólo entorpecidas por las abundosas lágrimas. Ningún presidente de la democracia pudo irse así. Tal vez por eso mismo ninguno ha podido volver.

Por desgracia, el impulso ético que hace ocho años parecía empujar al PP hacia el Poder se ha desvanecido entre las brumas del BOE y las malas, por ricas, compañías. Pero los dos rasgos políticos esenciales del PP acuñados en aquel congreso sevillano del 1 de Abril de 1990, la defensa de la nación española y de la economía de mercado, siguen siendo las referencias básicas de la vida política nacional. Lo son porque ningún país europeo puede sobrevivir sin un horizonte de estabilidad política institucional y de razonable prosperidad material. Lo son más aún porque sólo el PP parece capaz de asegurarlas en la España actual.

La gran diferencia de la oposición del PSOE al PP con respecto a la oposición del PP al PSOE hace más de una década es que Aznar defendía frente a González una idea liberal de España frente a un socialismo sin ideas, sin principios y sin claridad nacional. Y hoy Zapatero no defiende frente a Aznar una idea más sólida de España ni unas fórmulas que verosímilmente puedan hacernos más prósperos que las del PP. Lo segundo no sería tan grave –aunque pudiera resultar gravoso– sin lo primero. El PSOE actual muestra una debilidad pavorosa frente a los enemigos de España y de la libertad. Y en cualquier Gobierno los españoles buscarán, en primer lugar, una cierta seguridad. Por eso Aznar se perfila con más nitidez política que nunca en su último verano. Por eso el PP y la derecha en pleno pueden sacarle a hombros. Sería el primero y la primera vez.
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