¿A cuántos millones de españoles quieren echar de la democracia los del cerco anti-Vox?

Federico Jiménez Losantos

El cordón sanitario, esencialmente mediático, de etarras y madinas, comunistas y golpistas, periódicos sanchistas y televisiones asociadas, se ha convertido en una horca para la democracia en España, que no deja de apretar el cuello de la ciudadanía sin que nadie se alarme ni el ahorcado se queje. El otro día, en un debate en el parlamento de Asturias, el presidente del Principado, ese Barbón que rige una región antaño entre las más prósperas de la nación y hoy a la cabeza de la ruina económica y el deterioro social, se jactó, muy campanudo, de que "haría todo lo que pudiera contra Vox"; y repitió con toda la tripa: "todo".

Un diputado de ese partido le preguntó entonces hasta dónde pensaba llegar en su lucha contra el sistema democrático, ya que pretendía privar de los derechos que confiere el régimen constitucional a miles de asturianos y millones de españoles que votan al partido de Abascal. No sé el nombre del diputado, al que le sobraron las citas de Churchill, de mal gusto entre gente alfabetizada, y le faltó quizás lo que Unamuno llamaba "saber indignarse", cualidad tan necesaria en el periodismo como en la política, pero puso el dedo en la llaga abierta de nuestra democracia: ¿hasta cuándo vamos a tolerar el acoso a Vox? ¿Hasta cuando los etarras sin arrepentir y los rojos millonarios de las televisiones van a conspirar contra nuestras libertades? ¿Qué clase de oposición tenemos que no denuncia en Europa esta campaña, calcada de la que llama "nazis" a los ucranianos para legitimar su masacre?

Delitos diarios contra la libertad

Mientras los golpistas catalanes, a base de insistir, consiguen que los medios hablen de si los espiaron poco o mucho -poco, porque les dejaron dar un golpe de Estado y no fueron capaces ni de identificar las urnas-, los actos de agresión a Vox el Día de Sant Jordi se despacharon con notas a pie de página, invisibles. Los de Vox podrían decir como mujeres maltratadas: "mi marido me pega lo normal"; porque a los militantes del tercer partido de España, defensor de la unidad nacional frente a terroristas y golpistas, les agreden "lo normal", y los barrosos y pedrojotas que legitiman a diario esta estrategia totalitaria, lo silencian. Lo importante, como dice Madina y asiente fervorosa Barceló, no es juzgar, como intentó impedir el PSOE, los asesinatos de la banda como crímenes de lesa humanidad, es frenar a Vox. Quieren echar a media España de la democracia. Y debemos reaccionar ya.

vox-cataluna-sant-jordi-carpa.jpgAcoso a Vox, granizo y heridos en el primer Sant Jordi en Cataluña sin restricciones

Putin cogobierna España

No hacía falta que Iglesias y Belarra perpetraran un manifiesto a favor de Putin pidiendo el fin de una guerra que sólo ha declarado uno y sólo sufre otro, que eso es lo que pasa en Ucrania. Ni siquiera era necesario que un lerdo podemita llamado Medina insultara a un alcalde ucraniano en el Parlamento Europeo diciendo que "hay que investigar los linchamientos de los civiles rusohablantes y gitanos por las "bandas de nazis ucranianos". La propaganda comunista siempre tiene dos caras: negar todas las pruebas que los comprometen y acusar a las víctimas de los delitos que les infligen. Pero aún no había vuelto Sánchez del foto-call de Kiev y ya estaba Belarra, léase Iglesias y la horda podemita, atacando a los que apoyan a Zelensky.

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Un presidente de Gobierno expulsaría del mismo a no importa qué ministro capaz de poner en ridículo su acción diplomática más reciente. Sánchez no lo hará, por la sencilla razón de que ni es presidente de un Gobierno ni de España. Es únicamente el encargado de Recursos Humanos de una empresa con una sola persona, que es él. Los demás, cobran, hablan y salen en la tele, pero a él le resbala todo. Lo único importante es que, al final de la legislatura, sigan votándolo como el amo de la política nacional. ¿Qué no hay política, y mucho menos nacional? Mejor. Menos obstáculos. Le falta una oposición que rinda el Poder Judicial. De ahí a la eternidad.

El esperpento de Rubiales y Piqué

Es fascinante el espectáculo del presidente de la Federación Española de Fútbol, prototipo de lo que algunos llaman mafia rural, otros, golfos de traje cruzado, y otros más, sindicalistas de izquierdas que roban al respirar. Lo han pillado asociado a otro modelo de mafioso: el separatista catalán, que representa a la perfección Gerard Piqué Bernabéu, sucesor de Josep Guardiola y antecesor, chico de Pedralbes, del pijoaparte Xavi Hernández.

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El Barça ha sido y es el ministerio de propaganda del golpismo catalán. El Nou Camp ha sido y es el Nuremberg del proyecto totalitario catanazi. Pero el racismo de estos figurones del separatismo ha ido siempre unido a una voracidad económica ilimitada. Piqué es otro Urdangarín, como el laureado deportista azulgrana y dispuesto a forrarse con los contactos de su posición social. El chulángano azulgrana se retrata solo. Al chulillo del Sur, que es su manobra, lo retratan sus métaforas: una hermana que le partió una pierna por seis sitios y de arriba abajo, cuando sólo tenía un mes, y otros rasgos de pobretería intelectual. Pero el jefe de los árbitros sigue siendo Rubiales, y el que conseguía los millones ahí sigue. El jueves, el Barça sobrevivió en Anoeta. El más vitoreado fue Rubiales, pero el que jugó y ganó fue Piqué.

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