La pretemporada electoral

6. Jugarse España a los penaltis

Federico Jiménez Losantos
Nunca se han parecido más los partidos políticos y los clubes de fútbol españoles que en esta pretemporada asfixiante del curso 2003-2004, donde tantos títulos se pueden ganar y perder. Si la calorina agosteña llegó al bochorno institucional en las crisis políticas de Madrid y Marbella, el Real Madrid de Florentino y Beckham rompió los termómetros en Asia, en la gira con mayor cobertura mediática que haya tenido nunca un club, equipo, marca, franquicia o espectáculo de fútbol. Pero, al final, la noticia veraniega del Madrid ha sido Makelele y la del PSOE Maragall, lo cual demuestra que los segundones pueden marcar la agenda y hasta quemar el despacho de los jefes de turno si no se les sabe o no se dejan lidiar con arreglo a las características de su hierro. Me refiero metafóricamente a la ganadería, claro, no al antiguo central del Real Madrid.

La similitud entre Aznar y Florentino también es cada día mayor, incluyendo el semianuncio de retirada del presidente madrileño para dentro de unos años, con Butragueño de protodelfín confirmado por Valdano, “para dentro de diez o quince años”. La duda es si Florentino actuará al modo de Cuevas en el mundo empresarial, que nombra delfines para quemarlos y no irse nunca, o bien ve a su amigo Aznar como auténtico modelo a seguir y dentro de tres años y medio lo vemos dejar el poder y la gloria antes de que estos siameses casquivanos lo dejen a él.

Pero lo más futbolero de todo es, a mi juicio, el homenaje póstumo a Joan Gaspart que le está haciendo Zapatero. Sólo en el último año del ex presidente barcelonista se acumularon tantos desatinos, tantas fugas hacia delante, tantas inversiones en baldío, sólo en ese Apocalipsis de bolsillo del sucesor de Núñez se firmaron tantos cheques y letras que, por usar la certera y envenenada expresión de Aznar en el Parlamento, cuando llegó el día del vencimiento, no se podían pagar. Gaspart se jugó el futuro del Barcelona a la carta de su continuidad personal. Zapatero se juega el futuro del PSOE y de España a la carta de La Moncloa. Pero como en los últimos meses de Gaspart, la crisis de Madrid, el renacido espíritu sadamita y el empeño en cargarse la Constitución para congraciarse con Maragall, nos muestran a un Zapatero que empieza todos los partidos, incluso el de España, jugándose el resultado a los penaltis. Y sin un portero de garantías. A veces, diríase que a puerta vacía.

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