Un pacto en el que nos jugamos España

5. IU, de vuelta a Stalin y a Carrero Blanco

Federico Jiménez Losantos
En una serie de siete artículos, el editor de Libertad Digital analiza el Pacto por las libertades y contra el terrorismo firmado por el PP y el PSOE, respaldado ya por muchas fuerzas políticas o sociales y extraordinariamente bien acogido por la opinión pública, pero también esquinada y rabiosamente combatido por una parte de la izquierda y todo el nacionalismo. Del futuro del Pacto depende buena parte del futuro de España.

5. Izquierda Unida, de vuelta a Stalin y a Carrero Blanco

La tercera fuerza política, tras el sector nacionalista del propio PSOE y el nacionalismo llamado “democrático” y “moderado” -en rigor ni una cosa ni la otra- presidido por Jordi Pujol, a la que el Pacto por las libertades y contra el terrorismo del PP y el PSOE ha obligado a definirse es Izquierda Unida. Para ser más concretos, el PCE, cada vez más abandonado por los electores y más a solas con sus fantasmas, vertiginosamente devuelto a su propia tradición kremliniana, pero ya sin Kremlin y sin más tradición que la de la deslealtad constitutiva y constituyente a todos los sistemas democráticos y liberales por parte de los partidos comunistas, desde Lenin hasta Kim Jong-Il, por cómodamente que los alberguen y por mucho que les perdonen su origen, vocación y tradición totalitarios.

Llamazares y Madrazo representan aparentemente una versión cutre del sainete nacionalista del PSOE y Maragall. Y es cierto que el PCE es todavía más deudor que el PSOE de la estrategia intelectual de la izquierda antifranquista, que identificaba cualquier nacionalismo, incluido el terrorismo etarra, con el bien, la democracia y hasta la modernidad. No podía ser de otro modo cuando fue el PSUC, con Vázquez Montalbán como capataz intelectual, la factoría de legitimación del nacionalismo y la fábrica de estupideces doctrinales que posteriormente ha implantado “El País” como auténtico “pensamiento único” del perfecto progre español, es decir no-español o realmente anti-español, según su cercanía a cualquier nacionalismo periférico.

Durante los trece años largos de Gobierno del PSOE, ese mecanismo no explícito pero sí muy presente de legitimación ideológica y política se convirtió en Educación y Descanso, Cultura y Propaganda, legislación y colocación. Pero lo que en el PSOE era oportunismo en el PCE es anacronismo. De lo que el PSOE puede escaparse, el PCE ni puede ni seguramente quiere.

Y es que la caída del Muro no derribó al PCE cuando le correspondía por una razón harto curiosa: por la propia decadencia ideológica y moral del PSOE dentro de la izquierda, que permitió a Julio Anguita mantener la bandera de la hoz y el martillo al socaire de la lucha contra la corrupción del PSOE. Curiosamente, la “pinza” con el PP le eximía de replantearse sus pecados contra el liberalismo y la democracia occidentales, puesto que ya estaba a su lado en la lucha política, pero al llegar el PP al Poder Aznar no tuvo que cambiar su programa económico ni su proyecto político, salvo en lo nacional (que lo archivó) mientras el PCE se embarcaba en un viaje a ninguna parte que no se justificaba ni por una derecha antidemocrática –que no existía y lo demostraba en el Poder- ni por una izquierda corrompida que ya había perdido la fuente de la corrupción, el Gobierno, y que podía regenerarse con un cambio de líderes sin tener que depurarse doctrinalmente. Como así está sucediendo.

El PCE sigue hoy la táctica estalinista de favorecer cualquier nacionalismo separatista para debilitar a no importa qué país capitalista y occidental. Y se alía con ETA y con el PNV como en tiempos de Carrero Blanco, cuando todo valía contra el franquismo: desde el terrorismo al racismo sabiniano. Esa incapacidad de madurar democráticamente convierte a Izquierda Unida en un vivero de votos para el PSOE y en un vivero de activistas para los nacionalismos violentos y los “grapos” ya existentes o por existir. En vez de ir hacia delante, el comunismo español va hacia atrás. En vez de volver de Lenin a Kautski, ha vuelto de Lenin a Nechtaiev. Como en el PSOE, el Pacto es un acicate decisivo para modernizarse, nacionalizarse y democratizarse o para reunirse para siempre con la momia de Vladimir Illitch.
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