2022 será el año de la inflación, el déficit, la deuda, la ETA… y las urnas

Federico Jiménez Losantos

No siempre es fácil saber qué marcará un año, sobre todo después del virus que nos amargó la vida y arruinó el bolsillo hace dos, y que ahí sigue, tras mutar en una epidemia de desinformación, peor, si cabe, que el Covid19. Ayer comentaba Javier Somalo la vergüenza que producía ver junto a la familia esos medios de los que uno huye, compitiendo con los clásicos que habitualmente frecuenta en la forma falaz de tratar los asuntos más graves, como el de la salud, buscando el clic con el titular, que matiza el texto que sigue y acaba desmintiendo el final del artículo. El agregador de noticias te sirve además los titulares siguiendo tu propio algoritmo de consumo, de modo que te persiguen los asuntos que habitualmente sigues, sean políticos o económicos, de fútbol o de toros, del corazón o de los países comunistas, convertidos en anuncios que sólo buscan que cliques el titular, y hasta otro. Uno no puede protestar por lo que ha elegido leer y, sin embargo, te estafa.

La inflación, fenómeno explicable

Nuestro propósito para este 2022 en que Libertad Digital cumplirá sus primeros veintidós años, es, pues, el de tratar lo más seriamente posible los asuntos complejos que a diario nos asaltan en los titulares y nos engañan en su desarrollo. Ir al fondo de las noticias, que es su explicación, si queremos evitar la sensación de que se nos cuenta todo para que no entendamos nada.

Hemos empezado el año con una serie de artículos sobre la inflación, su naturaleza y las formas de combatir el "impuesto de los pobres", que la Escuela de Salamanca definía mejor: "robar en sus bolsillos a los pobres". En el "Tratado sobre la moneda de vellón", el Padre Mariana definió de forma insuperable su origen: "bastardear el valor de la moneda". Porque para atender un gasto público mayor que sus ingresos fiscales, el Reino rebajaba la cantidad de la plata o de oro en favor del cobre, acuñaba más monedas y rebajaba, de paso, la cuantía de sus propias deudas. Claro está que el mercado devolvía su valor real a esa moneda subiendo los precios, y si el Rey o sus ministros no limitaban su furor acuñador, se producía una espiral que acababa arruinando a los particulares, al comercio y al Reino.

La naturaleza de la inflación, como recordaba Rodríguez Braun, es siempre de naturaleza monetaria, nace de una oferta superior a la demanda y tiene su origen en la necesidad de atender un gasto público desmandado. Si es un gasto debido a una catástrofe natural o un acontecimiento fatal, por ejemplo, una guerra, cabe devaluar la moneda, pero de forma temporal, devolviéndola en los años siguientes a su primitiva capacidad comercial. Se dice que los Reyes Católicos mantenían al final de su reinado el valor de su moneda intacto, pese a afrontar la guerra de Castilla, la de Granada y las de Italia. Sin duda, su éxito se debía a su seriedad al devolver lo prestado y a que procuraban atener su gasto a lo que recaudaban. En todo caso, lo que los historiadores de la moneda como Mariana en aquella España de la Primera Globalización que López Linares ha convertido en formidable documental (y que, para bochorno de Vox, desconoce Buxadé) elogiaban era la voluntad de no provocar la inflación como medio indirecto de subir impuestos. En última instancia, la inflación es eso: un impuesto a traición.

El déficit es siempre inmoral porque endeuda a todos

Argentina, el tobogán excrementicio por el que también se desliza España, es hoy un ejemplo vivo de la naturaleza criminal de la inflación. Y también de que no se trata de una hija de muchos padres, sino de uno solo: el desaforado gasto público, que genera déficit fiscal, que a su vez se paga mediante la deuda, y que convierte en moroso al argentino antes de nacer.

Javier Milei, que junto a nuestra admirada Victoria Villarruel, Espert o Marra trata de evitar el desastre argentino, dijo en su campaña que nunca apoyaría unos presupuestos con déficit, por ser radicalmente inmoral. Y es cierto: roba sin avisar a los ciudadanos presentes y endeuda a los por venir. Lo han cumplido. Y, sobre todo, lo están explicando a través de los medios. Hubo una época, la de Aznar, en que la Derecha explicaba en los medios a su alcance las reformas económicas e institucionales que precisaba España. Hoy, los discursos, sujetos a las encuestas y por definición cambiantes, no se producen o no se creen. Los políticos están más pendientes de su partido que de la partida que se está jugando en España con el Gobierno Sánchez.

Las urnas, peligro y oportunidad

Este 2022 están ya anunciadas para Febrero las elecciones en Castilla y León, se anuncian las de Andalucía para finales de año y se dan por muy probables en la Comunidad Valenciana, donde Sánchez no quiere perder lo que Ximo Puig y Mónica Oltra, seguramente la pareja más siniestra de la política española, se están ganando a pulso: que entre PP y Vox los echen. Y todo país, incluso Argentina, puesto en trance electoral, está dispuesto a escuchar las propuestas políticas, buenas o malas, de malos y buenos. Hay que acudir a la opinión pública que, al menos dentro de la Derecha y basta ver los cambios de apoyo a los partidos en estos tres años, está dispuesta a escuchar y votar en consecuencia. Han pasado sólo siete meses, aunque Casado insista en que no han pasado nunca, del triunfo ejemplar de Ayuso. ¿Puede dudar alguien de que, con una buena campaña, basada, claro está, en la credibilidad del liderazgo y en el respeto a las bases siempre se gana?

Sánchez ofrece cada día un argumento para la Oposición. A veces, veinte, por el número de ministros que se atropellan disparatando, y al menos, diez, los socios indeseables que lo mantienen en el Poder. Ayer desfiló en torno a la ETA, dueña del proceso político español, la patulea que conforma la membruda y desmembrada mayoría Frankenstein. Si en Génova 13, agujero negro en el que se esfuma toda posibilidad de acabar con esta pesadilla social-comunista-separatista-terrorista, no son capaces de emular sino de envidiar el discurso político de Ayuso, poco hay que hacer.

Per aspera ad astra

Estamos ante un año inflacionario, deficitario y de deuda disparada. Tenemos un Gobierno en manos de los etarras y del Ku-kux Klan catalán. Tendremos urnas al alcance de media España, con la otra media mirando. Hay que explicar en serio, no con una frasecita que da para un tuit o un titular engañoso, la gravedad del presente sin ocultar las dificultades en el futuro para intentar, sólo intentar, mejorarlo. Suele empezarse cada año deseando lo mejor. Nosotros, per aspera ad astra, aspiramos a lo difícil, que es explicar sincera, cabalmente lo que nos rodea. Para eso estamos aquí.

A continuación