La víctima suele ganar el concurso

Eva Miquel Subías

Estaremos todos muy pendientes de Galicia y del País Vasco. Con matices muy diferentes entre unas y otras, pero con un similar objetivo. Que ambas puedan influir en una nueva disposición de las piezas del tablero de juego en el ámbito nacional. Obvio.

En el caso de Galicia, cuyas elecciones una servidora considera que son clave en muchos sentidos, aunque en buena medida en cuanto al futuro inmediato y medio para los populares, en el caso del País Vasco, el resultado de las mismas son las que pueden dar más idea de los futuros pactos, extrapolables estos, quizás, a los sudokus postelectorales que a diario se suceden en las calurosas sobremesas capitalinas.

Esperaremos pacientemente, pues. Y a pesar de que mi intuición me dice que justo con la entrada otoñal podemos tener una configuración gubernamental, mi olfato me sigue indicando que, en el caso de acudir a unas terceras elecciones, Mariano Rajoy y el Partido Popular van a consolidarse, aumentando, si cabe, el margen con respecto al partido que ostente la disputada segunda posición.

Verán. Lo que realmente creo es que, a pesar de la torpeza del casi nombramiento del exministro Soria para la plaza vacante en el Banco Mundial con evidentes fuegos cruzados amiguísimos que se empeñan de manera perseverante en airear y magnificar los tiros en los propios pies de la familia popular, el permanente acoso y negación del resultado de Mariano Rajoy en las pasadas elecciones por parte buena parte del arco parlamentario -con la excepción de C's y CC- van a pasar factura. Y no precisamente al actual presidente en funciones.

Hace ya unos cuantos años que en España podemos comprobar cierto comportamiento sociológico del español medio a través de concursos televisivos y realities. Y perdonen la frivolidad y la completa ausencia de rigor en este punto, pero estoy en condiciones de afirmar que aquella persona que el ciudadano perciba que es atacada en exceso y en parte, por una cierta injusticia, será el ganador o ganadora del mismo. Y así se demuestra en el 90 % de las finales televisivas en las cadenas españolas.

Un amigo mío solía decirme que hay dos motivos fundamentales por los que el votante pierde el interés por la opción escogida. Una, nítida, es la impresión que pueda tener el ciudadano de comportamientos inadecuados y/o corruptos. Y otra, demoledora también, es la percepción de cualquier atisbo de una crisis interna en el partido que pide la confianza.

Por todos es sabido la pérdida de votos y porcentaje en los últimos tiempos del Partido Popular en las diversas citas electorales. Pero no sabemos si se está reparando en las fragancias de crisis internas que impregnan a Podemos y al PSOE y que se van haciendo más visibles para cualquiera que siga mínimamente la actualidad.

Conclusión. Me da la impresión de que el Partido Popular está condenado a seguir gobernando. O bien dentro de un mes o bien, de manera más clara, tras unas terceras elecciones, con el agravante de que se habrá perdido un tiempo fantástico para seguir acometiendo las tareas pendientes, algunas de ellas, francamente imprescindibles para el buen camino de España y de los españoles, a pesar del empeño de algunos en llevarnos al abismo.

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