Vencedores y vencidos

Enrique Navarro

Para una gran mayoría de los españoles el acuerdo tripartito en Andalucía era inevitable, a pesar de todas las incertidumbres aparentes que se han producido en estas semanas posteriores a las elecciones. Conociendo las relaciones personales y políticas entre los negociadores, nada presagiaba la falta de acuerdo. Pero no ha sido una batalla dialéctica de la que todos hayan salido indemnes. Como en todas las contiendas hay vencedores, vencidos, y víctimas o beneficiarios colaterales.

El gran vencedor claramente es el Partido Popular que coloca a Moreno Bonilla, ya tiene mérito hacer presidente de Andalucía a un tal Juanma. Derrotar el baluarte del nacional felipismo que supone un quinto de la economía y la población nacional es uno de los hitos más relevantes de la historia de la democracia. Que lo haya conseguido bajo la presidencia de Pablo Casado unos meses después de su llegada, supone además un espaldarazo a su gestión, que habrá que ver si se confirma en las próximas elecciones autonómicas y municipales. Lo acordado con Vox es un bonito listado de buenas intenciones que hubiera firmado una gran parte de la sociedad española, del Pacma sí tengo mis dudas. Aunque sin ambages, proponer la educación gratuita de cero a tres años es el mayor avance contra la desigualdad de género desde la aprobación de la Constitución española, si es que al final lo vemos, porque eso cuesta un mojón.

Vox tenía poco margen de maniobra. Su electorado procede del PP más conservador o anti-Rajoy; negar la oportunidad histórica para el centro derecha de gobernar en Andalucía por reivindicaciones escasamente viables hubiera supuesto el final de su historia. El manifiesto de diecinueve puntos del lunes, era la prueba de que el acuerdo llegaría. Es la estrategia Bannon desarrollada por Trump. Hacer mucho ruido para luego llegar a consensos que no quedan en la retina ante el exabrupto. Lo cierto es que PP y Ciudadanos gobernarán con un partido que llegó a exigir la derogación de la ley de violencia género, que en España es tan intocable como la Liga de Futbol Profesional, y proclamar el día de la Reconquista. ¡Échale narices! El reto para Vox de cara a las siguientes elecciones será volver a desmarcarse del PP y Ciudadanos; pero en eso también le ayudarán los otros dos partidos. La pregunta que se harán los votantes conservadores es dónde será más útil su voto: en Vox, forzando al PP a aceptar propuestas más a la derecha, aunque la rama del social-falangismo proteccionista asoma la patita mostrando una actitud menos radical, o votando al PP, que al final recibirá sin muchas alharacas los votos de Vox.

Ciudadanos sale bastante perjudicado del acuerdo. Colocar a Juan Marín en la vicepresidencia y algunas consejerías, no parece suficiente beneficio para un partido que ahora tendrá algunos lastres. Una vez más la indefinición ideológica le va a pasar factura. Ya son demasiados los vaivenes y las tendencias dentro del partido naranja; cierra acuerdo con Sánchez para gobernar en España en 2015; Valls implorando por abandonar a Vox, Juan Marín diciendo que si Vox les apoya es por casualidad, de socialdemócrata a liberal y ahora parte de la alianza anti-socialista. Sin embargo, el futuro es todavía más incierto. ¿Alguien en el Psoe podría pactar con Ciudadanos, el partido que gobierna con Vox en Andalucía? ¿Se le acabó el sueño a Pedro Sánchez de gobernar en la siguiente legislatura con Ciudadanos y la abstención de Podemos? ¿Permitirá Vox seguir apoyando un gobierno con Ciudadanos en Andalucía si éste pacta con el Psoe en otra Comunidad Autónoma? No olvidemos que este acuerdo del "Salmorejo Party" se ha gestado a nivel nacional en Madrid, o sea que su contenido es perfectamente extrapolable al resto de España. ¿El votante de Ciudadanos, que procede del PP, volverá a sus orígenes, al ver que el PP al final obtiene el apoyo de Ciudadanos, buscando el voto útil? Ciudadanos tiene todo el aspecto de salir vencido del acuerdo, pero no está muerto, sólo necesita recomponerse con unos acuerdos con el Psoe moderado que le necesite en algunas Comunidades Autónomas para volver al sueño eterno del centrismo.

Pedro Sánchez sale perjudicado colateralmente. En apenas unos meses no sólo ha perdido a unos cuantos ministros, es que ha perdido Andalucía, la joya de la corona; el fortín socialista. Obviamente la cabeza de Susana ya estaba puesta a precio, pero ahora Ferraz se esforzará en echar toda la culpa al Susanismo de la derrota, como si ésta hubiera hecho algo diferente de las grandes mayorías que han gobernado en Andalucía en los cuarenta años de vida autonómica. El Psoe ha perdido Andalucía por la moción de censura y la actitud en Cataluña, si los votantes socialistas se hubieran quedado en casa por la corrupción, el cambio se habría producido hace muchos años. El acuerdo de Ciudadanos con Vox le impedirá gobernar con Ciudadanos en la próxima legislatura, la única ecuación que sale a la vista de las encuestas, aunque la capacidad camaleónica de los dos no lo hace imposible del todo.

Podemos ha encontrado un nuevo filón para volver a sus orígenes, pero claro, el país no está como en 2011, y su aburguesamiento le va a dificultar volver al discurso radical que tanta fuerza le dio hasta 2017. Pero Podemos tiene una asignatura muy complicada en las autonómicas y municipales donde podría perder mas de la mitad del poder actual que ostenta, pudiendo llegar a la irrelevancia de izquierda Unida y el voto útil puede derivarse al Psoe que recogería a una buena parte de los millones de votos perdidos.

El presidente tiene además dos frentes abiertos. Repartir el presupuesto de 2019 entre barones y catalanes secesionistas para conseguir el silencio de unos, y el voto afirmativo de otros, puede tener un efecto muy negativo en las próximas elecciones, porque al final se puede encontrar sin silencios ni votos positivos. El segundo frente es que el Psoe obtendrá sus mejores resultados en aquellas comunidades gobernadas por los más críticos con su gestión en Cataluña, que seguramente encontrarán en Ciudadanos un aliado necesario para gobernar, reforzando su poder e influencia dentro del partido, al margen de directrices nacionales.

Esperemos al 26 de mayo para conocer cómo prosigue este frente de batalla política que promete darnos grandes sobresaltos y sorpresas en los próximos meses. Pero ahora toca ver si el acuerdo y el cambio sirven para mejorar la vida de los Andaluces que lo necesitan y mucho.

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