Las guerras del 2018

Enrique Navarro

Los analistas internacionales suelen hacer cada año sus evaluaciones sobre los potenciales conflictos que podrían deteriorarse en el nuevo año, dividiendo entre aquéllos que son altamente probables y los que no y aquellos que pueden tener un impacto alto o moderado en el contexto mundial o regional. El impacto tiene una relación directa con la cercanía o bien por el hecho de compartirse intereses, o bien por amenazarse los nuestros, con independencia de dónde se encuentren.

Para España, y en consecuencia para la Unión Europea, los conflictos que tienen mayor probabilidad de deteriorarse y llegar a producir crisis bélicas, amenazas a la seguridad o graves catástrofes humanitarias son los siguientes, valorados de mayor a menor impacto o daño sobre el conjunto de la Unión Europea.

El intervencionismo ruso en Europa

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El próximo 18 de marzo tendrán lugar elecciones presidenciales en Rusia, y todos los sondeos apuntan a una nueva victoria de Vladimir Putin. En los últimos años se ha evidenciado una actitud agresiva de Rusia frente a los grandes actores mundiales. Cada vez existen más evidencias de los ciberataques contra las redes sociales, con orquestadas campañas de desinformación que buscan tergiversar la voluntad popular en las democracias occidentales. Asimismo, las continuas incursiones aéreas y submarinas rusas en Europa continuarán a lo largo del próximo año, y situaciones de alto riesgo como las que ya se han producido en los últimos años, podrían dar lugar a un incidente de graves consecuencias. Si Putin recibe una holgada mayoría, debemos esperar del Kremlin una coordinada acción exterior que combine los ciberataques, las amenazas y la diplomacia, que haría añicos a la Unión Europea, ya convertida en el principal contendiente de Rusia, para convertirse en el tercer pilar de la política internacional junto a Estados Unidos y China. Además, Putin aspira a ser un actor fundamental en Europa y enfrente tiene a una debilitada y en permanente crisis Unión Europea.

Las catástrofes humanitarias y bélicas en África

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Aunque a nivel global su importancia es relativa, constituye sin duda la principal amenaza por probabilidad y por impacto que puede sufrir el sur de Europa y en consecuencia España. Existen numerosas razones para que estemos preocupados en 2018. El continente, a pesar de los avances económicos, mantiene unos lastres que hacen inviable la estabilidad a medio plazo. Por una parte, existen numerosos conflictos en los que grupos terroristas radicales mantienen en jaque a gobiernos y potencias extranjeras. Libia, Mali, Mauritania, Chad y República Centro Africana sufren guerras, persecuciones y hambre. Incluso los conflictos separatistas en Camerún y en Níger amenazan con recrudecerse. Todos los movimientos tácticos muestran que en 2018 se podría producir una gran crisis humanitaria y una profunda desestabilización que requeriría de una intervención militar muy amplia en la que España debería tomar un papel relevante junto a Italia y, sobre todo, Francia. Sin duda, a partir del verano, podríamos asistir a la mayor catástrofe humanitaria, sobre todo en Marruecos, ya que ni Libia parece un lugar seguro para llegar a Europa y Argelia esta demasiada blindada, por lo que esta desestabilización afectaría principalmente a nuestro vecino del sur.

Para determinar el nivel de inseguridad habrá que esperar a las elecciones presidenciales en Libia cuyo éxito dependerá de que Saif Gaddafi y el general Haftar lleguen a algún tipo de entendimiento, lo que hasta ahora ha sido tremendamente difícil. Tampoco debemos perder de vista la inestabilidad política que podría abrirse en Argelia donde la incapacidad física de Buteflika para gobernar podría llevarnos a un vacío de poder en el país más potente militarmente de la región y nuestro principal suministrador de gas. En Mali, el G5 ha sido incapaz de controlar la situación y los problemas se han extendido a Burkina Faso y a Níger, que se haya en una situación de fragilidad que podría devenir en la creación de un estado fallido, que sería tremendamente peligroso para nuestros intereses.

El Brexit

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Parece evidente que 2018 será el año de la negociación del Brexit, que definirá la posición del Reino Unido en la futura Europa, incluyendo su papel en el campo de la defensa común. Si en lo económico el papel británico es menos relevante que el de Alemania, en el campo de la seguridad, Reino Unido tiene un arsenal nuclear, una larga diplomacia bélica y absorbe el 25% del gasto militar y el 50% de la industria militar europea y el 70% de las nuevas tecnologías militares desarrolladas en Europa lo son en Reino Unido. Una Inglaterra más volcada a Estados Unidos que a la defensa europea supondría un debilitamiento enorme del esquema de seguridad de la Unión Europea y exigiría de un esfuerzo adicional sin precedentes del resto de países del continente.

Aunque los movimientos populistas no han alcanzado los resultados que se estimaban, las elecciones locales y nacionales del próximo año en Bélgica, República Checa, Holanda, Finlandia, Hungría, Irlanda Suecia y sobre todo Italia, serán observadas con gran atención. Y mucho ojo a la posible desestabilización política en Italia cuyas debilitadas finanzas podrían poner en jaque al mercado único europeo.

El separatismo en Cataluña

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Todos los think tanks y centros de análisis políticos, de Europa y de Estados Unidos, coinciden en señalar el conflicto secesionista en Cataluña como una situación de inestabilidad política que podría devenir en un conflicto civil con repercusiones en otros movimientos similares en Europa, especialmente en Córcega donde los partidarios de la secesión o de un mayor nivel de autogobierno acaban de ganar las elecciones locales.

Las últimas elecciones han mostrado que la sociedad catalana está dividida por la mitad y los secesionistas no dan muestras de ceder en sus pretensiones. Sin embargo, las elecciones han provocado un amplio movimiento en sentido contrario que comienza a organizarse como nunca lo había hecho antes y a cuestionar muchos de los avances del autogobierno en las últimas décadas. El encarcelamiento del expresidente Puigdemont y el avance en el proceso de investigación de la rebelión y el movimiento contrario al secesionista, podrían conducir a un escenario de confrontación de resultados inciertos y consecuencias negativas en otros movimientos nacionalistas europeos.

La amenaza terrorista yihadista

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El colapso del Estado Islámico, si bien a medio y largo plazo servirá para reducir la amenaza, no supondrá el fin del terrorismo. Debemos esperar que las numerosas células que todavía existen en Europa, así como los procesos de radicalización individuales o grupales, podrían acarrear nuevos ataques terroristas de menor entidad en cuando al impacto, pero con una enorme repercusión pública. Pero, por otro lado, es previsible que Al Qaeda retome un protagonismo mayor con ataques terroristas de mayor entidad que le sirva para reivindicar su protagonismo frente al finiquitado Estado Islámico. Un trasvase de numerosos militantes del ISIS a Al Qaeda, especialmente en África Oriental y en Oriente Medio, agravaría mucho la amenaza de grandes atentados.

A nivel global no podemos obviar tres graves amenazas a la seguridad global de las que ningún país de Occidente quedaría al margen:

La carrera nuclear de Corea del Norte

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Existen tres motivos para que la mayoría de los expertos consideren como altamente probable un conflicto militar en la Península de Corea, que por primera vez en la historia podría tener naturaleza nuclear. En primer lugar, la creciente hostilidad personal entre Kim Jong Un y Donald Trump; segundo, los rápidos avances en el desarrollo de la capacidad nuclear balística de Corea del Norte que podrían traducirse ya en misiles que alcanzarían territorio norteamericano en este año y sobre todo el consenso en el Pentágono y en el Consejo de Seguridad Nacional de que una acción militar debe ser anterior a que Corea alcance la capacidad de meter una cabeza nuclear en un misil con un alcance de más de seis mil kilómetros. En contra de este potencial conflicto la oposición de Corea del Sur, ya que sería el principal damnificado de una acción militar de Estados Unidos. Que existen planes para un ataque militar que descabece el régimen y su capacidad nuclear es evidente, pero el precio del fracaso de esta acción, previene al Pentágono de una acción de esta naturaleza.

El agravamiento de las relaciones con Irán

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Existe en la actualidad una elevada probabilidad para una confrontación militar entre Irán y Estados Unidos en algunos de los numerosos conflictos explosivos en los que están enfrentados. Por una parte, el desarrollo de la capacidad balística y nuclear de Irán que podría retomarse en caso de una radicalización del régimen que podría ser respuesta a las numerosas protestas que se están produciendo en Irán con decenas de muertos y miles de detenidos en los últimos días. Por otra, la presencia iraní en Líbano, donde una guerra civil o una intervención de Israel son cada vez más probables ante el fracaso de Arabia Saudita de normalizar la situación política con el triunfo de los elementos más radicales chiitas de Hizbulla apoyados por un Asad más reforzado y por las milicias iraníes que actúan todavía en la región. El enfrentamiento entre Qatar y Arabia Saudita y el conflicto de Yemen son otros dos escenarios que podrían detonar un conflicto a gran escala en la región.

La intervención militar de China en el sudeste asiático

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El presidente chino Xi Jinping ha acumulado después de la pasada conferencia de octubre del partido comunista, un poder sólo comparable a los años más fuertes de Mao. Aunque existe alguna resistencia interna, el gobierno chino se encuentra en condiciones óptimas de poner en marcha la formidable maquinaria militar que ha desarrollado en los últimos veinte años. Las plataformas en el Mar de China y la confrontación con Taiwán y las históricas tensiones con Japón, podrían sufrir un revulsivo si el gobierno chino acelera sus planes para convertirse en el líder político, económico y militar de extremo oriente.

Junto a estas grandes amenazas, existen a mi juicio dos escenarios de potencial agravamiento de conflicto que no deberíamos dejar de lado.

Por una parte, Egipto que afronta simultáneamente cuatro amenazas. La inestabilidad en Libia con la presencia de grupos radicales en la frontera por la que se trafica con armas, combustible y seres humanos; la presencia de grupos terroristas en el Sinaí, que se ha convertido en un territorio sin ley; la creciente movilización, a pesar de la represión, de los Hermanos Musulmanes y finalmente el conflicto que podría provocarse con Etiopía ante la puesta en marcha en 2019 de la Gran presa del Renacimiento Etíope.

Al sur, Etiopia con 95 millones de habitantes que serán 200 a finales de siglo con apenas 64 metros cúbicos de recurso de agua dulce per cápita, y Egipto, un país con un enorme desabastecimiento energético donde dos terceras partes de la población carece de electricidad y que obtiene del Nilo el 98% de sus recursos hídricos. Para darnos una idea, la presa tardará en llenarse más de cinco años reduciendo el caudal del Nilo en Egipto en un 25%, lo que llevaría a una situación de inestabilidad muy preocupante. El hecho de que Sudán se haya alineado con Etiopía en la reunión de los diez países afectados por la iniciativa de la Cuenca del Nilo el pasado noviembre ha sido un golpe muy duro para el gobierno de Al Sisi. Un Egipto inestable sería la peor noticia para Oriente Medio.

No deberíamos tampoco olvidar el conflicto entre Turquía y los kurdos, especialmente por su éxito en Siria donde controlan una gran parte de la frontera y además se han convertido en el principal aliado de Estados Unidos en la región frente al creciente nacionalismo turco y la inestabilidad en Irak, lo que sin duda es un fenómeno nuevo que deberemos analizar cómo evoluciona en los próximos meses.

En un segundo término, reseñar la inestabilidad política en Venezuela, aunque con un escaso impacto internacional; en Congo donde la guerra civil podría recrudecerse en los próximos meses, y la creciente inestabilidad en los cuatro países del hambre en Sudan del sur, Yemen, Nigeria y Somalia donde 25 millones sufrirán fuertes hambrunas con la trágica coincidencia de fenómenos políticos y ecológicos.

En definitiva, en 2018 estaremos más cerca de una confrontación militar en Corea del Norte y por primera vez en décadas, Europa sufrirá dos de las tres grandes amenazas a la seguridad mundial, el creciente expansionismo ruso con su injerencia en la política occidental y las amenazas del norte de África que nos podrían llevar al colapso a los países ribereños del Mediterráneo a lo largo de 2018.

Pero no deberíamos obviar situaciones que podrían incrementar la inestabilidad como las investigaciones sobre la injerencia rusa en el proceso electoral norteamericano; la crisis de la deuda y el auge de las ciberamenazas desde organizaciones no gubernamentales, de las que hablaremos muchos en este nuevo año.

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Finalmente, en 2018 podremos dimensionar el legado de Donald Trump. En este año, las investigaciones del fiscal Robert Mueller deberán demostrar o no, la injerencia y la colusión del régimen ruso en las elecciones presidenciales de 2016. Los arrestos de personas muy relevantes del entorno de Trump anuncian que se ha podido obtener información muy relevante, especialmente del ex consejero de seguridad nacional Michael Flynn y el ayudante de Trump, George Papadopulos. Si las investigaciones demuestran la intervención rusa y la posible connivencia de Trump, estaríamos a las puertas de un impeachment que podría producirse si, después de las elecciones de medio término, en noviembre, los demócratas consiguieran una mayoría en las cámaras, lo que está por ver; pero sin duda, el principal enemigo para revalidar la mayoría republicana es su propio presidente. El debilitamiento de la presidencia sometida a un proceso de investigación criminal podría convertirse en la mayor amenaza a la seguridad mundial en 2018, y por ello no debemos perder de atención todo lo que acontece en estos meses en Washington.

En definitiva, feliz año nuevo, pero cuidado que no acabe siendo tremendamente infeliz.

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