La ruleta rusa

Enrique Navarro

El próximo domingo 23 de octubre la mayor flota rusa de combate desplegada desde el final de la Guerra Fría cruzará el Estrecho de Gibraltar camino de Siria. Aunque se trata de un viaje que se repite todos los inviernos, la dimensión de la capacidad desplegada, el momento en el que se produce y sobre todo las causas de semejante exposición pública, han alertado a la Alianza Atlántica y a sus aliados en la región hasta el punto de poner en estado de alerta a numerosas unidades de defensa en toda la costa Atlántica y Mediterránea.

Tanto los aviones de patrulla marítima del Ejército del Aire como la Armada y la Sexta Flota, tomarán el seguimiento de esta flota una vez crucen la línea de Ayamonte hasta abandonar nuestras aguas camino de Argelia, Libia y Egipto. La flota rusa pasará a menos de doce millas de la base de Rota.

La flota está compuesta por el único portaaviones ruso, el almirante Kutnesov equipado con dos docenas de aviones de combate SU-33, ya que todavía no ha sido posible equipar al buque con los nuevos MIG-29K que incrementarán notablemente su capacidad de combate aire-aire, y helicópteros Kamov de lucha antisubmarina. Un total de 33 aeronaves de combate. Junto al porta-aeronaves viaja el destructor de propulsión nuclear de la clase Kirov de 27.000 toneladas de desplazamiento, "Pyotr Velikiy", que ha salido a la mar después de una modernización de dos años y que cuenta con misiles anti-buque y tierra - tierra para ser lanzados sobre las posiciones de la oposición a Asad en Alepo. Junto a ellos dos destructores de escolta de la clase Udaloy, el Severomorsk y el Vice Admiral Kulakov. También tres buques auxiliares con combustible y suministros de todo tipo. Dos destructores rusos más han salido desde Portugal para sumarse a esta flota al norte de Galicia. Se trata de la mayor fuerza de combate rusa que se acerca a nuestras aguas territoriales desde los setenta, y que dado el mal tiempo que reina en el Golfo de Vizcaya, navegará directamente desde Dover bordeando la costa Cantábrica.

Durante su travesía a comienzos de semana por las costas noruegas, sus aviones y helicópteros volaron de forma amenazadora sobre las plataformas petrolíferas simulando ataques, lo que obligó a la fuerza aérea noruega a efectuar numerosas salidas para contrarrestar estos vuelos que tenían un claro objetivo intimidatorio.

La flota rusa está siguiendo la misma estela que los bombarderos estratégicos rusos que fueron interceptados por aviones Eurofigther españoles sobre el norte de Vizcaya hace dos semanas. Sin duda la misión de estos vuelos que se han intensificado es poner a prueba la capacidad potencial de intercepción y control de las fuerzas de la OTAN sobre la ruta de su único porta-aeronaves camino de Siria.

Esta flota estará en Siria a finales de la semana que viene. A su vez Rusia está desplegando más aviones de combate en Siria y reforzando sus capacidades con nuevo armamento. Y todo este despliegue coincide con la tregua humanitaria decretada por Rusia en Alepo, lo que no es una mera coincidencia. Como ha ocurrido en otras ocasiones como en Ucrania, Rusia toma oxígeno y acumula fuerzas para un golpe definitivo que culmine la ocupación de Alepo lo que significará la derrota de la denominada "oposición moderada".

Pero la cuestión es ¿Por qué Putin hace esta innecesaria exhibición de fuerza cuando tiene la capacidad de desplegar dentro del territorio sirio toda su capacidad de combate con un coste infinitamente menor?

El objetivo de Putin no es efectivamente terminar con la batalla de Alepo, lo que es cuestión de días, sino demostrar a Occidente que Rusia ha vuelto a la escena internacional y que no tiene recato en exhibir su fuerza frente a Estados Unidos. Es una clara señal de amenaza a los países del este de Europa que siguen viendo con preocupación los despliegues de tropas y equipos cada vez más cerca de sus fronteras mientras que los bombarderos estratégicos rusos continúan entrando en el espacio aéreo europeo sin planes de vuelo previos y con los transpondedores apagados que sirven para identificarlos, lo que no ocurría desde los comienzos de los ochenta. Es un claro mensaje a las ex repúblicas soviéticas, a sus países aliados como Venezuela y Cuba y sobre todo a China, con quien espera compartir los frutos de estas ambiciones comunes.

Rusia ha vuelto a la Guerra fría con el mismo objetivo y ambición estratégica de la Unión Soviética, el dominio y la influencia en la esfera internacional. A pesar de una situación económica terrible para su población, Rusia está dispuesta a embarcar a su pueblo y a su economía en una apuesta peligrosa, pero que quizás sea la única que tiene Rusia para salir del aislamiento y retraso económico: recuperar mercados, atraer países aliados y un mayor control de las materias primas internacionales, básicamente las mismas razones que han llevado a los países a la guerra desde el comienzo de los tiempos.

La estrategia de Rusia es multidimensional. Por una parte continúa con sus peligrosos juegos de guerra, mientras que mantiene una actividad económica muy intensa para atraer mercados. Esta semana en una conferencia sobre seguridad mundial en Canadá me explicaba un asesor de varios gobiernos norteamericanos cómo las empresas públicas chinas y rusas y aquellas privadas bajo el control de los gobiernos, están ganando suculentos contratos en países en desarrollo a través de técnicas de subvenciones encubiertas, acuerdos entre gobiernos, financiación privilegiada y condonación de deuda como los casos de Venezuela y Cuba donde Rusia espera invertir unos quince mil millones de dólares en los próximos años. Más de setecientas transacciones industriales se han producido este año entre empresas de estos países y más de treinta gobiernos de America Latina, Asia y África. Las contrapartidas son acceso a materias primas, derecho de usar puertos para la flota rusa; construcción de bases científicas como acaba de anunciarse en las Azores en el centro del trafico transatlántico, equipamiento de armamento, en una clara violación de las normas internacionales del comercio.

Por otra parte los ciberataques no han cesado y cada vez adoptan más complejidad. La evidencia de su intervención hackeando correos de líderes demócratas en una clara señal de apoyo a Trump, que no ha ocultado sus simpatías por Putin, coinciden con las dos oleadas de ataques contra grandes plataformas como Spotify, Amazon, Paypal etc. que se produjeron el día 21 de octubre. El objetivo fue la compañía DYN que provee servicios DNS ( Domain Name Service) a compañías como Amazon, periódicos como Wall Street Journal y redes como Twitter, produciendo una inundación de trafico fake que saturó los servidores hasta bloquearlos. El coste económico de este ataque cuyo alcance todavía se desconoce es superior a las destrucciones materiales en Alepo. Mas de 300 millones de usuarios se vieron afectados, y unas dos millones de transacciones de pago no pudieron efectuarse durante las horas que el virus estuvo activo. Este ataque sólo es posible con la utilización de virus muy complejos como el Mirai que es capaz de controlar el software y que se distribuye desde un conjunto de equipos entrelazados usando webcams y celulares con grabación de video. Este ataque masivo se produjo unos días después de que Rusia amenazara con el uso de sabotaje informático ante las amenazas del vicepresidente Biden de lanzar un ciberataque en respuesta a los supuestos ataques rusos. Pensar que Estados Unidos tiene interés en este tipo de ataques sobre Rusia carece de fundamento en un país que en materia de comunicaciones ha avanzado poco desde los tiempos de Miguel Strogoff frente a Estados Unidos, el país más vulnerable del mundo a estos ataques. Cada día se están produciendo numerosos ataques y es posible que virus durmientes estén alojados en muchos servidores esperando actuar en el momento preciso, sea en el recuento electoral en Estados Unidos, en las compañías eléctricas o de comunicaciones. En este momento somos incapaces de saber hasta qué punto somos vulnerables y poco se puede hacer para evitarlo. Lo que si sabemos es que hoy gracias a los sistemas antivirus desarrollado, se ha eliminado la capacidad de pequeños hackers de producir un daño masivo; sólo organizaciones con una gran capacidad, recursos y estrategias muy definidas están en condiciones de actuar de semejante manera.

Todas estas acciones forman parte del nuevo lenguaje agresivo de Rusia, al que los europeos y la sociedad norteamericana apenas prestan atención entendiendo que se trata de una bravuconada de Putin y que lo mejor es continuar con el palo y la zanahoria en la estrategia con Rusia, aunque parece que en los últimos años apenas ha habido estrategia de zanahoria. Rusia tiene que definirse donde quiere estar y cómo quiere integrarse en la economía mundial; lo que no puede ser es que Rusia se beneficie del mercado occidental y del ruso a la vez; es hora de que elija en cual de los dos mercados quiere estar, tal como dijera Reagan a comienzos de los ochenta, cansado de que Occidente estuviera manteniendo financieramente la economía rusa mientras El comunismo intervenía en Polonia.

Pero más allá de afianzar a Asad en el poder en Siria, lo que ya es un objetivo al alcance de la mano, ¿Cuál es el sentido de este despliegue? Mientras que Irak y Estados Unidos se encargan del Estado Islámico en Mosul y en Raqa, el nuevo objetivo del gobierno sirio es terminar con el dominio kurdo que es la principal fuerza de oposición y que domina amplias partes del norte de Siria. Y en este objetivo va a encontrar un nuevo aliado, Turquía, dos enemigos menos: Arabia Saudita e Irak, que no tienen ningún interés en el fortalecimiento de los kurdos y sólo un enemigo, Occidente que es el principal soporte de los kurdos. La nueva presidenta de Estados Unidos deberá tomar una decisión transcendental, continuar apoyando a los kurdos y exponerse a un conflicto con demasiados frentes o sacrificar a los kurdos. En este segundo caso, Estados Unidos mantendría a sus aliados naturales pero sería una derrota en toda regla y una victoria de Putin. Este es el objetivo fundamental de este despliegue. Llevar a Estados Unidos a la salida de Siria; asegurar la continuidad de Asad colaborando con Irán y Hizbulla pero aliado de Turquía en la próxima batalla contra los kurdos; y con China, que ya prepara un despliegue militar en la zona, sumándose al carro del vencedor para el reparto del botín estratégico. Asimismo intensificará la alianza entre Irak e Irán que pasará a ser el aliado natural iraquí. En este escenario Arabia tendrá que retirarse de sus posiciones anti chiítas y asegurar otras posiciones donde es cuestionada como Yemen, para mitigar su derrota. Un nuevo escenario donde los grandes perdedores serían Estados Unidos e Israel y con consecuencias impredecibles a largo plazo. De aquí a final de año se va a definir un nuevo escenario geoestratégico mundial que puede marcar el futuro del mundo en las próximas décadas y no estaremos inmunes por más que estemos distraídos con nuestras minucias domésticas.

A continuación