Obama presidente

ZP barraestrellado

Emilio Campmany

Está la progresía que no cabe en sí de gozo. Tienen sobrados motivos para ello. Es la primera vez que gana las elecciones norteamericanas un socialista de verdad y no un izquierdista descafeinado al estilo de Carter o Clinton. Seguramente Zapatero ya se ha comprado la serie completa de El ala Oeste para familiarizarse con el despacho oval y saber desenvolverse allí cuando sea recibido por el gran Obama. Tan contento está que sólo le falta dejarse fotografiar en Doñana con un bañador barraestrellado como el que lucía Mark Spitz en las Olimpíadas de Münich.

Sin embargo, antes de ser invitado a la Casa Blanca, lo suyo sería que fuera Obama el que viniera a la Moncloa. Para finales de febrero, el nuevo presidente de los Estados Unidos de América hará su primer viaje. Y, como es tradicional, el periplo consistirá en una gira europea por los países que Estados Unidos tiene por aliados. Ineludibles serán las visitas a Bruselas, sede de la OTAN, y a Londres, donde renovará con Gordon Brown la "relación especial" que une a las dos potencias anglosajonas. Muy probables, también, las paradas en París y Berlín, donde habrá que sanar las heridas abiertas en la era Bush, hoy ya muy cicatrizadas. Casi segura es también la escala romana, pues, aunque los italianos pasan de casi todo, no deja de ser la patria origen de muchos norteamericanos. ¿Y España?

Nuestros socialistas están convencidos de que con Obama las relaciones mejorarán sustancialmente. Reconocen que cuando el entonces candidato del partido demócrata hizo una gira europea, se saltó Madrid, pero eso fue porque no podía arriesgarse a que el ansiado abrazo con Zapatero le restara votos entre los electores de la América profunda. Admiten igualmente que no ha hecho gran cosa para que España esté en la cumbre de Washington el 15 de noviembre, pero eso es porque Bush la controla y con ése sí que no hay nada que hacer. Pero una vez que Bush haya hecho mutis por el foro y Obama ya no tenga que someterse a las servidumbres que impone la proximidad de unas elecciones, están seguros de que el nuevo presidente incluirá a España entre las etapas de su gira para visitar a su muy buen amigo y correligionario José Luís Rodríguez Zapatero.

¡Qué desilusión tan grande se va a llevar el pobre! Cabe suponer que llegará un día en que Zapatero huelle la Casa Blanca, pero eso será cuando haya ya pasado por allí todo bicho viviente. Lo que no hará Obama será venir por aquí a las primeras de cambio, dando a un aliado tan poco fiable como España el mismo trato que al más leal de todos, Gran Bretaña.

Tan seguro estoy de que no vendrá, que estoy dispuesto a apostar cien euros doble o nada a que pasa de largo en ese primer viaje europeo.

¿Por qué? Pues porque no tiene sentido venir aquí a lograr nada más que un abrazo con Zapatero y arriesgarse a que el New York Post o el The Washington Times le saquen en portada abrazando al presidente español junto con la foto de éste sentado con gesto displicente al paso de las barras y estrellas.

Se acabarán saludando, pero no será mañana ni pasado ¿Alguien quiere apostar?

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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