Crisis boliviana

Zapatero, igual que Franco

Emilio Campmany

Cuando Zapatero llegó en 2004 a la Moncloa, una de las primeras cosas que hizo fue volver a la política exterior franquista. Estos socialistas, a los que tanto les gusta condenar el franquismo, resulta que disfrutan imitando su política exterior. Franco siempre quiso mantener buenas relaciones con los países hermanos de Hispanoamérica, prescindiendo de consideraciones ideológicas. Por eso, siempre se llevó bien con los que allí mandaban, fuera cual fuera su pelaje político. Especialmente buenas fueron sus relaciones con Fidel Castro, a pesar de ser el anticomunismo signo de identidad de la ideología franquista. Aznar dio un giro de ciento ochenta grados a esta política y decidió que España apoyaría en Hispanoamérica sólo a gobiernos democráticos.

El fin de la Guerra Fría terminó con la necesidad, sentida o real, de los norteamericanos de respaldar a dictaduras militares allí donde la democracia sufriera el riesgo de ser secuestrada por gobiernos comunistas probables aliados futuros de Moscú. Por eso, Latinoamérica no tiene hoy que padecer ningún Pinochet o Videla. Y por eso, igualmente, si Venezuela, Ecuador o Bolivia quieren disfrutar de las excelencias del socialismo antidemocrático, los norteamericanos no se van a empeñar en impedirlo.

La desaparición de las dictaduras de derechas de América Central y del Sur hizo que el giro impuesto por Aznar se hiciera especialmente patente respecto de la dictadura cubana, pero también se vio en sus relaciones con Fujimori. En cambio, como ya no quedan dictadores de derechas al otro lado del charco, no sabemos si la política exterior de inspiración franquista de Zapatero puede ser tan indulgente con ellos como lo es con los hermanos Castro.

Bolivia se enfrenta hoy a una gravísima crisis, que podría degenerar en un conflicto civil. Es una lástima que nuestra antediluviana política exterior se encuentre atada de pies y manos y no tenga más programa que, como en tiempos de Franco, apoyar al dictadorzuelo de turno en el poder, sin margen para la mediación ni para presionar a fin de que se escuchen algunas de las muy razonables reivindicaciones de los cruceños.

Porque la crisis boliviana no es consecuencia, como nuestra prensa de izquierdas nos quiere hacer creer, de un conflicto étnico, entre indígenas y criollos; ni es ideológico, en el que revolucionarios del pueblo se enfrentan a terratenientes y potentados. Tampoco constituye un enfrentamiento entre el Gobierno central y secesionistas cruceños. Si en Santa Cruz suspiran por la autonomía que La Paz les niega, no es para acabar independizándose, sino para poder desarrollar políticas que den libertad a las fuerzas económicas de la región. Y esto es precisamente lo que Evo Morales no puede tolerar. No puede hacerlo porque con la autonomía de Santa Cruz se vería que allí la libertad trae riqueza y prosperidad para todos mientras que en la vecina La Paz, el socialismo bolivariano sólo produce atraso y pobreza.

El himno de Santa Cruz canta: "La España Grandiosa / con hado benigno / aquí plantó el signo / de la redención". Lamentablemente, en el sufrido Altiplano, España no hará otra cosa que lo de siempre desde los tiempos de Franco, apoyar al dictador de turno, preferiblemente, de izquierdas.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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