Zapatero en Venezuela

Emilio Campmany

Zapatero, el Solemne, puede pronto ser conocido con otro sobrenombre, el Inadmisible. En efecto, nuestro ínclito expresidente fue declarado "no admisible" como mediador por el Parlamento venezolano. El sempiterno pasmado ha vuelto a ser noticia gracias a un viaje relámpago a Venezuela en un Falcon de la empresa petrolera estatal venezolana. Es notable la querencia que los socialistas tienen por los Falcon. Se ve que no se termina de ser socialista del todo si no se viaja en jet privado. El caso es que a nuestro bobalicón mandatario lo recogió un Falcon en la República Dominicana y lo trasladó a Caracas para pasar allí unas pocas horas. Primero se sospechó que viajaba para muñir un acuerdo urgente entre Maduro y Guaidó, cosa que fue inmediatamente desmentida por el presidente interino, que no quiere ver al bodoque ni en pintura. También el Gobierno español se apresuró a aclarar que era un viaje particular que no tenía nada que ver con él, excusatio non petita de un Borrell que nunca es inocente y menos cuando se trata de Venezuela.

Luego, El Mundo ha informado que la visita relámpago tuvo por objeto engrasar las relaciones entre el Gobierno de Maduro y una plataforma cambiaria llamada Interbanex que, desde enero, ha sido autorizada a operar en Venezuela. Al parecer, esta empresa está constituida por dos sociedades, una española y otra domiciliada en Barbados. La sociedad con domicilio en el paraíso fiscal parece relacionada con el vicepresidente venezolano, hombre fuerte del régimen, Tareck el Aissami. Su trabajo consiste en operar en el mercado cambiario para recaudar dólares para el régimen. Lo hace a un cambio más favorable que el oficial para atraer a poseedores de divisas reacios a deshacerse de ellas al cambio que ofrece el Gobierno. Éste, mientras, con Interbanex, crea su propia competencia y rebaña los dólares que de otra manera no vería. Naturalmente, esos dólares sirven para sostener al régimen. Todo parece indicar que entre los socios venezolanos y los españoles han surgido desavenencias y el ilustre cacaseno ha tenido que viajar hasta Venezuela echando virutas a calmar los ánimos de los muy irritables mandatarios venezolanos.

Si efectivamente Zapatero hubiera estado empleando la cobertura que le da ser expresidente del Gobierno de España y mediador para la solución del terrible conflicto venezolano, que ha matado a miles y obligado a emigrar a millones, para hacer negocios allí, a la sombra de su corrupto Gobierno, el escándalo sería mayúsculo. Pero puede que la cosa no acabe en eso, sino que haya otros españoles escondidos detrás de esta empresa con la que parece estar relacionado Zapatero. Y puede que estos españoles sean, como el expresidente, políticos socialistas con influencia en el Gobierno o dentro del Gobierno mismo y estén dedicados a ralentizar y en última instancia evitar la caída de Maduro. Así pues, la distancia tomada con Trump y su decidido propósito de derribar al dictador, así como el relativo oxígeno suministrado al régimen por medio del Grupo de Contacto, no tendría motivaciones político-ideológicas, sino que estaría dirigida a conservar un pingüe negocio fundado en la pobreza de los venezolanos. Esto no sería ya un escándalo, sería una infamia.

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