Yolanda superstar

Emilio Campmany

Una de las taras más frecuentes entre los poderosos sin luces es la de aceptar sin reparos los halagos. Son gente que cree realmente poseer las virtudes que los aduladores le atribuyen no obstante ser obvio que carece de ellas. Cuando a Pedro Sánchez le alababa Iván Redondo asombrándose de su inteligencia, Sánchez debió desconfiar. Si le hubiera festejado su guapura, su donosura o su garbo, el encomio habría sido creíble. Pero cuando lo que le elogiaba era el ingenio debió prevenirse ante una lisonja tan alejada de la realidad. Ahora, a Yolanda Díaz le pasa lo mismo, que, cuando el atolondrado gurú le augura que será la próxima presidenta del Gobierno, va la tonta y se lo cree.

De otra manera jamás se habría dejado filmar junto al galán de serie B que es Sánchez, paseando por la Moncloa para dotar de imagen a la buena sintonía que se supone que reina entre ambos. Iban los dos como novios, recién casados tras la ceremonia civil, paseando entre los setos de un cursi salón de bodas, comuniones y bautizos. Él de traje, algo encogido por haber sido lavado sin las debidas precauciones. Y ella de inmaculado blanco, derramando pureza por los viales e incumpliendo descaradamente el Protocolo de comunicación feminista de Ione Belarra, que exige "huir de la sexualización por la que las mujeres aparecen siempre jóvenes, delgadas, primorosamente arregladas y expuestas como un objeto".

Tanto se ha creído lo que dicen de ella que está convencida de que, si se mantiene firme, derogará la reforma laboral de Rajoy. Cualquiera que siga la política española con un mínimo de objetividad sabe que lo más que permitirá la Unión Europea son retoques a esa reforma y que lo más que podrá hacer el Gobierno es mentir y presentar el maquillaje como si fuera una derogación. Ni que decir tiene que, si no estuviéramos en la Unión, a Sánchez le daría todo igual, pero afortunadamente estamos dentro.

El caso es que la bella ministra de Trabajo es hoy por hoy la política más valorada de España, por encima incluso del doncel de la Moncloa. Los analistas creen que Sánchez la dejará cabalgar la ola de popularidad porque necesita que en las próximas elecciones todo lo que está a la izquierda del PSOE obtenga suficiente representación y así redondear la inevitablemente exigua que consiga el PSOE. Olvidan aclarar que todo lo que está a la izquierda de este PSOE radicalizado es comunismo y que comunista es Yolanda Díaz, por muy glamurosa que se presente. Y lo comunista tiene hoy por hoy en España dichosamente un techo. También olvidan que Sánchez no será muy listo, pero es rencoroso y envidioso como ninguno y no dejará, por más que le aconsejen lo contrario, que la ministra de Trabajo le robe plano. Ya veremos en qué consiste la zancadilla.

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