Indignados

Y no hubo nada

Emilio Campmany

La megamanifestación de los indignados ha quedado en nada. El fracaso, siquiera relativo, no se ha debido tanto a que los españoles no compartan la indignación respecto a la conducta de los políticos como al hecho de que el movimiento ha sido acaparado, capitalizado y monopolizado por la extrema izquierda. No se trata sólo de comunistas y republicanotes de vieja escuela, marginales y antisistemas, sino también de votantes socialistas desencantados con un Zapatero que supusieron radical y que creen domesticado por los mercados. No son insignificantes, pero es obvio que no son decisivos en las urnas.

Esto significa varias cosas. La primera es que, tuviera o no las soluciones a la crisis, los españoles no confían en las que pueda aportar la extrema izquierda ni su máscara, el movimiento 15-M. La segunda es que el PSOE de Rubalcaba, que creía que desligarse del Zapatero supuestamente derechizado del último año a través de hacer guiños a los del 15-M podía serle rentable electoralmente, resulta que no lo es. La tercera es que los españoles perciben como única posibilidad de regeneración, por poco entusiasmante que sea, la que representa Rajoy. Resumiendo, si no pasa nada, el PSOE, haga lo que haga, perderá y Rajoy, sin necesidad de hacer nada, ganará.

Así pues, ni un PSOE entregado a las exigencias de los mercados ni otro lanzado hacia las propuestas más radicales tiene, no ya posibilidades de vencer, sino legitimidad moral para hacer ninguna propuesta que deba ser considerada. La dirección de un incapaz como Zapatero está lanzando al votante socialista de centroizquierda en brazos de UPyD y al socialista radical al seno de IU. Ambos tienen la oportunidad de mejorar extraordinariamente sus resultados y saben que, para lograrlo, lo esencial es evitar pringarse con el PSOE tanto como se pueda. Es lo que está haciendo UPyD en los municipios donde son decisivos y es lo que está haciendo también IU, no en todos sitios, pero sí en algunos, como el muy relevante de Extremadura.

Paradójicamente, el único dispuesto a llegar acuerdos con los socialistas es el PP, que parece estar cuidando al PSOE de Zapatero como miman los matadores a esos toros bravos que embisten una y otra vez, pero que andan flojos de fuerza, para ver si les sacan una treintena de buenos muletazos.

El caso es que el número de indignados es limitado. Para IU son bastantes, pero para el PSOE son claramente insuficientes al objeto de compensar la sangría de votos que padece. De forma que si ya ni a los indignados puede recurrir Rubalcaba, ¿qué otro as guardará en la manga? No lo sé, pero sospecho que no le queda ninguno. Si es verdad que se le han acabado, el costalazo puede ser espectacular.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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