Vuelven las carreras de caballos a Madrid

Emilio Campmany

España es hoy país de noticias raras, como las que nos cuentan que aterrizan aviones en un aeropuerto o que hay carreras de caballos en un hipódromo. Sin embargo, ése es precisamente el caso. En el Hipódromo de La Zarzuela no hay reuniones desde finales de 2014. Todo se ha debido a un complicadísimo conflicto entre los gerentes del propio hipódromo y la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar de España, Fomento para los amigos. Naturalmente la esencia del conflicto es el dinero. Fomento ha sido hasta ahora, y desde el siglo XIX, el regulador de las carreras en España. Como entidad privada que es, se ha organizado como ha querido, de manera que no siempre en ella han estado debidamente representados todas los responsables del sector. Se financiaba recibiendo un porcentaje de las apuestas. Como en España, por la injustificable torpeza de todos los responsables del turf sólo se puede apostar en los hipódromos y la afición a acudir a ellos es la que es, las recaudaciones son exiguas. Y por lo tanto, los ingresos de Fomento, escasos. Para financiar el turf, se cuenta con Loterías y Apuestas del Estado (LAE), que organiza dos apuestas, la Lototurf y la Quíntuple Plus que recaudan muy poco dinero porque están mal concebidas y carecen de interés, tanto para los interesados en las carreras como para los meros aficionados al juego. A la espera de que LAE permita realizar apuestas sencillas (ganador, colocado, gemela, doble y trío) fuera de los hipódromos, las carreras son incapaces de cubrir sus gastos con las apuestas que hoy se pueden realizar en España. De hecho se da la paradoja de que, en las casas de apuestas privadas, los españoles podemos apostar en prácticamente cualquier carrera de caballos que se celebre en el mundo, pero no en las que se corren en España. Para hacerse una idea de la magnitud del problema, baste recordar que este verano, en una jornada de carreras en San Sebastián, con cobertura PMU, la entidad que regula las apuestas en Francia, se recaudaron dos millones de euros. Y eso que sólo era posible apostar fuera del hipódromo en Francia, no en España. En cambio, el hipódromo, cuando sólo cuenta con los apostantes que acuden a él, apenas recauda alrededor de cien mil euros.

Para atender al déficit crónico que esta situación provoca, LAE e Hipódromo de La Zarzuela suscribieron un contrato por el que el segundo cedía al primero los derechos de imagen de las carreras a cambio de unos millones de euros. De esa forma se aparentaba que las carreras eran casi capaces de pagar sus gastos por sí solas cuando la verdad es que LAE no recupera ese dinero con las apuestas que gestiona y lo que en realidad está haciendo es financiar las carreras de caballos a fondo perdido a la espera de que sus apostantes se den un golpe en la cabeza y les dé por jugar a la Lototurf. Pero ocurrió que Fomento, siempre alcanzada, quiso hacer valer su supuesto derecho a participar de los derechos de imagen de las carreras dado que sin ella no se podían organizar. De esa forma habría solucionado sus crónicos problemas económicos. La exigencia, sin ser disparatada, no era muy razonable porque era como si el árbitro de un Real Madrid-Barcelona pretendiera cobrar un porcentaje de los derechos de la emisión del partido por televisión.

Así empezó una guerra en la que La Zarzuela se negó a organizar carreras reguladas por Fomento con argumentos jurídicos poco convincentes aunque no carentes de fundamento entre los que el más sólido fue el de que, estando Fomento en concurso de acreedores, La Zarzuela, como empresa pública, no podía contratar con ella. La objeción, que parece avalada por la Abogacía del Estado, es dudosa porque la relación entre Fomento y La Zarzuela no era estrictamente contractual.

El caso es que, además del conflicto generado por los derechos de imagen y probablemente por la participación de Fomento en los beneficios que arroje la futura apuesta externa, si es que un día llega a haberla, hay también un conflicto de naturaleza personal cuya influencia en el enconamiento del conflicto es difícil de calcular. El último presidente de Fomento es Felipe Hinojosa, que volvería a serlo con plenitud de facultades en el caso de que Fomento pagara a sus acreedores y dejara de estar en concurso. El presidente del nuevo ente regulador, bajo cuya autoridad se celebrarán a partir del próximo domingo las carreras en España, patrocinado por la Administración, respaldado por La Zarzuela y llamado Jockey Club Español, es José Hormaeche. Pues bien, Felipe Hinojosa y José Hormaeche fundaron la Yeguada Dehesa de Milagro, una importante empresa de cría de caballos de carreras que obtuvo notables éxitos a pesar del raquitismo que padece el turf español. Luego, ambos socios entraron en conflicto y se separaron. Hoy, la yeguada, bajo la gestión exclusiva de Felipe Hinojosa, está como Fomento en concurso de acreedores.

Al poco de crearse el Jockey Club Español, éste entró en conflicto con Fomento. La batalla se libra en Francia, donde sus autoridades hípicas han pasado de reconocer sólo a Fomento a reconocer también al Jockey Club como reguladores que han de convivir simultáneamente. Ahora parecen estar amenazando con no permitir que corra en Francia ningún caballo español que no tenga el beneplácito de los dos reguladores, cosa imposible porque quien corra bajo la autoridad de uno tendrá negada la documentación por parte del otro. Lo probable es que al final Fomento desaparezca y el nuevo regulador se consolide, pero eso es algo que hoy por hoy todavía no ha sucedido.

En todo caso, el domingo día 20 vuelve a haber carreras de caballos en Madrid con siete carreras en el programa. De ellas, hay dos para potros de dos años muy interesantes y el Gran Premio Nacional, reservado a la generación clásica, la de tres años, que debería haberse corrido en mayo como preparatoria del Derby y que, por estar suspendida la temporada, no pudo correrse. Uno de los favoritos es Alaraz, un caballo perteneciente a Iñigo Méndez de Vigo, flamante ministro de Educación, Cultura y Deporte y con toda seguridad responsable del empujón que la Administración ha dado para desbloquear el parón y que vuelva a haber carreras en Madrid. El reto ahora es hacer de esta industria un negocio rentable gracias a las apuestas, como lo es en todo el mundo, y que deje de ser necesaria la subvención pública a través de Loterías y Apuestas del Estado. Mientras, disfrutemos del bello espectáculo de ver cómo el caballo que nos guiñó el ojo en el paddock enderezando las orejas, se lanza a los carriles exteriores al desembocar en la recta y va superando uno a uno a todos sus rivales para darnos la alegría de poder pasar por taquilla a cobrar un ganador de 8 a 1. Hay pocos placeres mayores que ése.

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