Rajoy

Victoria sin ideas

Emilio Campmany
Los que se arremolinan en torno a Rajoy para gozar del privilegio de cargárselo a los hombros y sacarlo por la Puerta Grande insisten en que éste ha sido el mejor resultado de la historia del PP en las europeas si se hace la cuenta sumando los resultados del PSOE y los de IU. Puede que tengan razón. Es muy probable que los resultados del PP hayan sido muy buenos, incluso inmejorables. Y es natural que eso tenga como consecuencia que Rajoy vaya a ser su candidato en las elecciones generales de 2012.

 

Pero este no es el debate. La discusión no es si Rajoy es o no buen candidato. Si todos los jerifaltes del PP defendieran las mismas ideas, la discusión se habría centrado en decidir quién era el mejor, dando por hecho que su política, una vez alcanzada la victoria, sería poco más o menos la misma. Sin embargo, el problema es bien distinto. Tras la derrota de 2008, Rajoy se hizo gallardonita en el sentido de apuntarse a la "no ideología". Según el manual de Gallardón, no importan las ideas que se tienen, lo que hay que hacer es adueñarse de las que se perciben como predominantes. No se puede cambiar la sociedad conforme a las propias, sino que sólo se puede aspirar a ser quien gestione la aplicación de las que las encuestas dicen que son las de la mayoría. Aplicar esta estrategia no es fácil porque hacerlo incluye renegar de aquellas ideas que, aun siendo mayoritarias, generan desprecio entre los que participan de ellas. Pasa con la cadena perpetua. Muchos desean imponerla para castigar determinados delitos, pero no quieren votar a los candidatos que piensan igual.

Dicho gráficamente, no se pone en tela de juicio que la victoria de Rajoy sea buena para el PP, lo que se discute es que sea buena para las ideas que tienen los que votan al PP. Darse el gustazo de ver la calle Génova cuajada de banderas azul celeste puede ser embriagador, pero si luego no se ha de poner tasa al desastre económico e institucional que son las Comunidades Autónomas, se va a correr un tupido velo sobre el 11-M, se va a renegar de la herencia de Aznar, se va a continuar la política de subvenciones para alimentar el clientelismo, se va a practicar el nepotismo como hace el PSOE, se va a defender la vigente ley del aborto que permite practicarlo a los siete meses de gestación, y se va a continuar una política exterior de halago al primo Mohammed ¿para qué quieren esos electores que gane el PP?

Por defender a Rajoy se ha dicho que lo óptimo es enemigo de lo bueno, que lo prioritario es desalojar a Zapatero, que, aunque sea un mal candidato, será un buen presidente y que es el término medio entre Gallardón y Aguirre. Es verdad. ¿Pero es mucho pedir que el presidente del PP defienda las ideas de los que votan al PP? Esta es la cuestión: no se trata de que gane una persona o un partido. Se trata de que venzan unas ideas. Para eso no hace falta que sean mayoritarias, basta que sean buenas y que el encargado de defenderlas, crea en ellas. Las banderas azul celeste, no bastan.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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