Encuentro Rajoy-Mas

Vendedores de naciones

Emilio Campmany

Todos sabemos que la mayoría de nuestros políticos son gallináceas de vuelo corto incapaces de remontar el vuelo y mirar con perspectiva de conjunto. Sin embargo, nunca creí que el conflicto que se han inventado los nacionalistas catalanes pudiera llegar a brindar espectáculo tan repulsivo como el de la reunión secreta de Mas y Rajoy.

Estos dos estadistas de pitiminí decidieron reunirse en secreto como si fueran a discutir las líneas maestras del futuro de sus respectivas naciones. Y claro, como en España todo es una farsa, desde la política antiterrorista hasta la presupuestaria, el encuentro dejó de ser secreto a los pocos días. ¿Y de qué hablaron estos dos grandes visionarios? ¿De la nación o, si quieren, de las naciones? No señor. Hablaron de dinero. Y de la forma más rastrera que cabe imaginar. A Mas ya lo conocíamos y a nadie extrañará que venda la independencia de su supuesta patria a cambio de que le flexibilicen el déficit o le prometan un nuevo sistema de financiación más o menos privilegiado. A Rajoy le conocíamos menos, pero ya vamos sabiendo de qué pasta está hecho y, a cambio de la vaga posposición del plan soberanista del otro, está dispuesto a dinamitar la igualdad de los ciudadanos, pilar de toda nación que se precie, ofreciendo a Cataluña un límite de déficit más holgado y una reforma en el sistema de financiación que le permita disfrutar de no se sabe aún qué privilegios.

¿Dónde están los patriotas catalanes que no se encienden contemplando como su president vende a su patria por un puñado de euros que acabarán en los bolsillos de los de siempre? ¿Dónde están los españoles que braman un día y otro también por hacer cuanto sea necesario a fin de preservar la unidad de la patria? Al parecer, están todos muy contentos con la gran capacidad de diálogo de los dos prohombres. Los primeros parecen dispuestos a tolerar el oprobio de seguir siendo españoles con tal de serlo de un modo privilegiado. Y los segundos, parecen dispuestos a aplaudir que Rajoy destruya la nación española a cambio de permanecer formalmente unida quién sabe por cuánto tiempo.

Los habrá que digan que exagero y que imponer un objetivo de déficit distinto a según qué Comunidades Autónomas, con ser reprobable, no es igual a vender a la nación. Sin embargo, cargarse la igualdad de los españoles es precisamente eso, cargarse la nación. No sólo por el hecho de que eso significará que hay españoles de primera, los que no quieren serlo, y españoles de segunda, los idiotas que queremos seguir siéndolo. Sino porque los que todavía desean ser españoles van a dejar de quererlo si conlleva que sus gobernantes les perjudiquen una y otra vez en beneficio de los que amenazan constantemente con separarse si no se les da lo que piden.

Y la ETA envalentonada y en las instituciones, la Economía amenazada de corralito y Montoro de ministro de Hacienda. ¿Puede ser peor? Claro que puede. Ya verán dentro de unos meses.

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