Vasallos rebeldes

Emilio Campmany

A Mariano Rajoy le gusta presentarse a su electores descontentos como si no tuviera nada que ver con lo que les enoja. En unas elecciones europeas, para disipar toda sospecha de tibieza frente al terrorismo, invitó a Mayor Oreja a encabezar la lista del PP. El truco funcionó por aquella vez. A las siguientes fue el propio Mayor Oreja el que se negó a que su prestigio fuera utilizado para engatusar a los que como él creen que no se puede hacer ninguna concesión al terrorismo. En Cataluña hizo Rajoy lo mismo. Después de enviar a Sánchez-Camacho a arrodillarse ante los nacionalistas e irritar a sus votantes del resto de España sin ganar allí un solo adepto, trató de ocultar su pusilanimidad deshaciéndose de su leal servidora y colocando en su lugar al aguerrido García Albiol. Debió éste seguir el ejemplo de Mayor Oreja y no permitir que su reputación españolista fuera utilizada para lavar las manchas de la imagen de Rajoy. Da igual porque no sirvió de nada y ahí está el pobre resultado del PP en Cataluña para acreditarlo.

Más adelante, en el País Vasco, el electorado del PP se disgustó al ver expulsada a María San Gil para que acabara en su lugar alguien con la misión de entenderse con los terroristas porque Rajoy, y nadie más que Rajoy, decidió asumir lo negociado por Zapatero con la ETA. Y ahora que hay que ocultar que eso es lo que hizo y lo que está haciendo deja desairada a Arantza Quiroga afeándole el haber hecho aquello para lo que fue elevada, que es entenderse con los terroristas.

Luego, pretende Rajoy ocultar que su política fiscal, abiertamente contraria al ideario del PP y al de sus electores, fue una decisión suya, y que sea su ministro de Hacienda quien sea contemplado como el máximo responsable de la misma. Que Montoro cumpliera el encargo de ejecutar en el patíbulo del gasto público a la clase media española con especial delectación no puede ocultar que la decisión fue de Rajoy. Ahora, el verdugo se niega a pagar con su expulsión del paraíso de la casta el pecado de haber hecho lo que Rajoy le pidió, que no fue otra cosa que la de subir los impuestos tanto como fuera necesario para poder seguir alimentando el sistema clientelar del que todos se benefician.

El velo que oculta el verdadero rostro de Rajoy es cada vez más transparente. Puede que Ciudadanos sea más de izquierda que de derecha. Puede que esté más inclinado a entenderse con el PSOE que con el PP. Y puede que, cuando pise moqueta, se deje tentar por los privilegios de los que disfrutan PP y PSOE. Pero ¿cómo volver a votar a un Rajoy que engaña siempre que puede, incumple lo que promete y traiciona a quienes le votan? No sólo, sino que ahora, para terminar de adornar el dechado de virtudes que es, abandona a quienes le sirven para disimular que lo que hicieron fue por servirle a él.

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