Una escombrera como reino

Emilio Campmany

Al fin Rajoy ha conseguido en poco más de tres años lo que a Zapatero le llevó siete, esto es, destruir su partido. La masa crítica necesaria para que la explosión se produzca se encuentra alrededor del 25%. Un descenso hasta ese infierno significa la muerte. El PSOE está ahí desde 2011. Y el PP apenas lo ha superado en dos puntos en estas elecciones. La terrible noticia para ambos es que sus desfallecimientos no se han traducido en sustanciales incrementos de votos para el otro. En 2011, al PSOE le cabía la esperanza de que el desgaste del PP le devolviera los votantes perdidos. Pues bien, el PP se ha desgastado hasta un punto que podríamos llamar zapateril y el PSOE no ha recuperado ni un suspiro del resuello que perdió. El panorama para el PP es similar. Ha perdido un tercio de los votos que tenía y lo peor no es eso. Lo peor es que no se han ido adonde siempre, el PSOE, un lugar desde el que podían volver, sino a sitios sin fácil vuelta atrás. Porque los electores que han huido del PP no lo han hecho para enviar un mensaje, como decía ingenuamente Esperanza Aguirre en la noche electoral, ni para darle una tarascada y que espabilen, como quizá pudieron haber hecho en las europeas. Los han abandonado por darse el gustazo de mandarles a hacer puñetas, casi con toda probabilidad, definitivamente.

A Rajoy y a Soraya puede haberles salido relativamente bien la jugada desde el momento en que ayer noche no triunfó nadie de los que están en disposición de desafiar al presidente. Las obvias sucesoras de Rajoy que eran Aguirre y Cospedal han dejado abruptamente de serlo. Así que nadie podrá retar al gallego con el aval de haber ganado unas elecciones este 24 de mayo. De forma que, si el inquilino de La Moncloa desfalleciera, cosa a la que parece propenso, no habría más sucesora que Soraya. Ni siquiera Feijóo tiene fuerza para avanzar su candidatura después de que en su región, donde no había autonómicas pero sí municipales, el PP haya pasado de ser votado casi por la mitad del electorado a que lo haga algo más del tercio.

Al menos, el relativo pinchazo de Ciudadanos le ha ahorrado al PP la humillación que en cambio va a sufrir el PSOE en relación a Podemos. Porque quedarse en un 25% de los votos puede parecer un buen resultado si se compara con lo que se esperaba, pero tener que ser en muchos sitios, muy especialmente en Madrid capital, el palafrenero de Pablo Iglesias no puede ser plato de gusto para el partido de Felipe González. Eso, al menos por hoy, el PP no lo tiene que padecer. De todas formas, como en esa escombrera que es Génova, 13 no han quedado más candidatos que Rajoy o Soraya, y están decididos a seguir el mismo camino por el que Zapatero condujo al PSOE, que nadie descarte que más pronto que tarde tengan que beber ese cáliz.

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