Garzón

Un nuevo cazasubvenciones en la ciudad

Emilio Campmany

La fundación es un instituto inventado para que los ricos puedan desgravarse el dinero que dedican a fines sociales y benéficos. Esencial en la fundación es la idea. Cualquiera que se proponga constituir una ha de buscar un nicho inexplorado donde el fundador pueda volcar su benefactor ímpetu, una extraña enfermedad, una materia descuidada por los planes de estudio, un patrimonio artístico oculto que exponer al público. No menos esencial es la dotación. Las leyes no permiten crear fundaciones con sólo una brillante idea confiando en que sea la generosidad ajena quien las dote. Es el fundador quien debe demostrar su fe en el objeto fundacional dotándolo suficientemente.

Hasta aquí, lo obvio. Sin embargo, en España, con irreductible frecuencia se constituyen fundaciones apenas dotadas inicialmente que esperan razonablemente ser financiadas luego por los poderes públicos. Y de hecho lo son. Naturalmente, lo determinante para que una fundación sea subvencionada públicamente no es la naturaleza de sus fines, sino quién la funda. Logran hacerse con fondos para sus fundaciones los partidos políticos, los sindicatos y el sinfín de mamandurrieros que revolotean alrededor del poder. De esta forma, una cosa inventada para con el dinero de los ricos llegar adonde el Estado no llega se convierte en un instrumento para sisarle al Estado ese dinero que se supone no quería gastar. Estas fundaciones creadas por los profesionales de la subvención se llenan de cargos y empleados de forma y manera que lo primero que hay que hacer con el dinero de la fundación, antes que atender a sus benéficos fines, es pagar sus sueldos.

Acaba de constituirse la Fundación Internacional Baltasar Garzón. Sus fines no pueden ser más altos: potenciar una cultura de activismo, promoción, garantía, desarrollo y defensa de los Derechos Humanos; desarrollar programas de investigación, de formación y de prácticas sociales en el área de esos mismos derechos; cooperar en el desarrollo social, económico, político y cultural, potenciando la creación de movimientos sociales y estructuras básicas que aseguren la consecución de los principios de verdad, justicia y reparación, y, para no cansarles, otros tantos del estilo. Como ven, el objeto fundacional es tan necesario que no sé cómo hemos podido vivir hasta ahora sin una institución así. Lamentablemente, la dotación para tan ambicioso proyecto resulta ser algo escasa, 30.000 euros, salidos del generoso bolsillo del propio Garzón.

No obstante, me atrevería a aventurar que, más pronto que tarde, las administraciones públicas que todavía controla el PSOE y aquellas en las que ha podido meter la cabeza Izquierda Unida se apresurarán a socorrer a esta fundación tan necesaria y tan necesitada para que pueda atender cumplidamente a sus elevados objetivos. Encontrará sin duda políticos dispuestos a darle nuestro dinero, pero no deja de ser una lástima que, al no estar ya el fundador al frente del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, no pueda recurrir al famoso "Querido Emilio". ¡Qué tiempos aquellos!

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