Un líder del siglo XXI

Emilio Campmany

No descubro nada si recuerdo que el PSOE atraviesa una grave crisis. Ya se ha visto que Pedro Sánchez carece de las aptitudes mínimas exigibles para sacarlo de ella. Y da la impresión de que a Susana Díaz le viene grande la tarea. Estas últimas semanas se ha hablado de la posibilidad de una tercera vía encabezada por Patxi López. Y algo debe de estar cociéndose cuando el vasco ha publicado en El País un artículo donde nos propone a los españoles una nueva política para el siglo XXI.

Según Patxi López, España ya no es una nación. Como mucho es "la casa común", que es como se titula el artículo. Y en cualquier caso no es una, sino varias. "España es una historia con muchas historias"; "España es un conjunto de sociedades plurales y diversas" (nótese que no sólo es plural y diversa España, sino también las sociedades que la integran). Según López, hay que sellar una nueva concordia, un doble pacto entre ciudadanos y territorios. "Los conceptos como nación o soberanía, en el siglo XXI, ya no tienen ni la carga ni el contenido del XIX". Hoy ya no existe, al parecer, la soberanía exclusiva y excluyente. Los dos retos básicos a los que hay que hacer frente son corregir la desigualdad territorial y gestionar la diversidad identitaria. Para lo primero, lo que hay que hacer es transferir rentas de un territorio a otro. En cuanto a lo segundo, su idea es prescindir de la identidad como elemento legitimador de la unidad social. Ya no hay identidad que nos una. El derecho a decidir, tal y como lo entiende López, consiste en que cada cual tiene derecho exclusivo a decidir sobre su propia identidad. Y los demás no tienen nada que opinar al respecto. Patxi López no da un ejemplo, pero parece que lo que quiere decir es que si yo me siento austriaco, kurdo o batusi, el Estado no es quién para recordarme que soy español. Por otra parte, para disfrutar de los derechos que en España tiene la gente, da igual lo que uno sea, entre otras cosas, porque será lo que le dé la gana de ser.

Esto deja al nacionalismo a los pies de los caballos. Si las naciones han dejado de existir, si la soberanía es un concepto prescindible, si cada cual tiene la identidad que le peta, ¿qué sentido tiene ser nacionalista? Lo que hace López es negar a los independentistas el derecho a serlo negando la nación, cualquier nación. Eso incluye desde luego a la nación española, pero también a la catalana y a la vasca y a cualquier otra que pudiera anidar en la imaginación de los nacionalistas. En medio de este piélago de disparates, a López se le olvida resolver un pequeño problema, el de señalar, abolida la soberanía, el origen de la legitimidad del Gobierno, cualquier Gobierno, para exigir impuestos y monopolizar el uso de la violencia. Pues, aunque no lo parezca, es una cuestión que es indispensable resolver, incluso en el siglo XXI.

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