Discurso de Rajoy

Un grito de despecho

Emilio Campmany

En el discurso de Rajoy hubo dos momentos cumbre donde el político se enceló en la recriminación. En el primero dijo:

A los 23 años era Registrador de la Propiedad con una plaza, y me ganaba la vida muy bien. Si me interesara el dinero, allí lo hubiera tenido.

O sea, que somos unos desagradecidos. Él, que podría haberse conformado con dedicar su vida al vil metal, prefirió inmolarse en beneficio de sus compatriotas y entregarse al servicio público. Como soy registrador, con minúscula, carezco de autoridad para decir qué me parece tal aseveración, pero creo que, sin necesidad de ser colegas, seremos muchos los que preferiríamos que, en un ejercicio de humildad, Rajoy se hubiera limitado a ejercer su profesión en vez de convertirse en el rematador de la faena de Zapatero, ésa consistente en cargarse a España.

La segunda constituye casi el lamento de un amante despechado, el llanto de un novio abandonado:

Tengo que lamentar muy sinceramente, en este sentido, el comportamiento del jefe de la oposición, que ha prestado el crédito que no merecen a las insinuaciones más dañinas, sin calibrar en modo alguno el efecto que tales insinuaciones pueden tener para nuestro país.

Eso lo dice de un tipo que ayudó a negar y luego disculpar los delitos cometidos por miembros del Gobierno al que pertenecía, incluido el secuestro. Lo dice del hombre que le arrebató la victoria en unas elecciones generales violando la jornada de reflexión. Lo dice del individuo responsable, al menos políticamente, de haber chivado a un miembro de la organización terrorista ETA que iba a ser detenido por la Policía para que escapara. Y de este sujeto, Rajoy esperaba que no diera crédito a unas "insinuaciones" que se hacen sobre él por el daño que pudieran hacer al país.

Pero es que, además, ¿por qué tendría el jefe de la oposición, aunque fuera alguien con algún límite moral, comportarse del modo que exige Rajoy? Para empezar, lo que publica El País son algo más que insinuaciones. Luego, no está en absoluto claro que el publicarlas sea "dañino" para España. Tan sólo es evidente que es "dañino" para el futuro político de Rajoy. Y, finalmente, si no es el jefe de la oposición quien pone el grito en el cielo a la vista de lo que estamos sabiendo, no sé quién lo va a poner. A menos que Rajoy esté pensando en que esto podría muy bien llevarse por delante al sistema que beneficia por igual al PP y al PSOE. Pero, en ese caso, prestar crédito a las insinuaciones más dañinas no sería censurable desde el punto de vista moral, sino estúpidamente suicida. ¿Es de eso de lo que se queja? ¿De que Rubalcaba no se da cuenta de que este tema puede acabar con los dos? Si fuera así, significaría reconocer públicamente que han estado representando una pantomima de la que nosotros, los que les votamos, más que cómplices, somos víctimas. Ojalá se venga abajo toda esa tramoya. 

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