Madrid 2016

Un gafe en Copenhague

Emilio Campmany

Los españoles siempre hemos tenido gafes entre nuestros políticos. La mayoría de ellos, gracias a Dios, ya no están en activo. Queda, no obstante, uno, que ocupa un cargo muy importante. La enormidad de sus cualidades a la hora de gafar se ha demostrado con amplitud en los más diversos ámbitos. Sabemos que nuestro hombre es gafe climático (los que en estos años han estado alguna vez atrapados en la carretera por alguna nevada, saben de qué hablo), gafe mecánico (rompe los aviones de la Fuerza Aérea con una facilidad asombrosa), gafe electoral (Ségolène Royal y Gerhard Schröeder lo han padecido en sus carnes) y gafe político (la crisis nacional que sufrimos es una prueba irrefutable). Lo último que hemos descubierto es que también es gafe económico. En esto, además, se ha demostrado poderosísimo. Sí parece que, en cambio, no es gafe catastrófico, ni marítimo. De lo que hay muchísimas dudas es si es o no gafe deportivo.

He realizado algunas consultas a expertos italianos, que son los que mejor conocen los secretos de la jettatura, y me han dado respuestas vagas y contradictorias. A estas alturas todavía no tienen seguridad de nada. Los éxitos de las selecciones españolas de fútbol y baloncesto así como los del Barça hacen creer que en el deporte no opera. Pero las desgracias de dos de nuestros grandes, como son Fernando Alonso y Rafa Nadal, les hacen dudar. El caso de Nadal es paradigmático: cuando al fin consigue ser número uno del tenis mundial, una serie de extrañas lesiones y dolencias le impiden conservar la primacía que tanto le costó alcanzar. Alguno de los profesores consultados me ha apuntado la posibilidad de que, siendo gafe deportivo, lo sea sólo cuando el deporte es individual y que, en cambio, sea inofensivo para los deportes de equipo. Podría ser, pero es extraña tanta capacidad discriminatoria en un gafe tan contrastado.

En lo que todos mis expertos estaban de acuerdo es que Copenhague les permitirá alcanzar una conclusión definitiva y descubrir, de una vez por todas, si la jettatura de nuestro personaje trabaja o no lo deportivo. Su planteamiento es el siguiente: si Madrid se alza con la nominación, se habrá hecho evidente que el gafe, con ser muy gafe, no ataca lo deportivo; en cambio, si Madrid no sale elegida, se habrá confirmado que su capacidad de gafancia alcanza al menos a los deportes olímpicos, sin perjuicio de que alguno de ellos, especialmente si es de equipo, pueda librarse del maléfico efecto.

Aceptadas ambas premisas alternativas, me dispuse a esperar el momento en que se decidiera la suerte de Madrid en Copenhague. Sin embargo, ahora caigo que nuestro hombre será o no gafe deportivo, pero lo que es con toda seguridad es gafe político y económico y la elección de Madrid como sede de los Juegos de 2016 tendría consecuencias catastróficas en ambos campos, porque Gallardón saldría proyectado como un sputnik hacia la presidencia del PP y las simas del déficit nacional, en general, y de Madrid, en particular, se harían todavía más profundas. De modo que la manera que tendrá el gafe de demostrar su terrorífico poder no va a ser impidiendo que Madrid sea elegida, sino logrando que finalmente lo sea. Ya ven que la jettatura es una ciencia mucho más difícil que la física cuántica.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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