Un gafe en Caracas

Emilio Campmany

Cuenta el gran historiador Alessandro Barbero, que de esto sabe más por italiano que por historiador, que Claus von Below-Saleske, un diplomático alemán que vivió a caballo de los siglos XIX y XX, enjuto solterón de aspecto adusto, se lamentaba de ser tenido por un poderosísimo gafe. Había razones sobradas porque cuando estuvo destinado en Pekín estalló la rebelión de los bóxers y poco después de llegar a Constantinopla se desencadenó la revolución de los Jóvenes Turcos. Cuando llegó de embajador a Bruselas le confesó a su antecesor, que salía para Roma, que agradecía infinitamente llegar a un destino tan tranquilo donde nunca pasaba nada porque allí podría desprenderse de la reputación de gafe que le perseguía. A los pocos meses, las tropas alemanas invadieron Bélgica, inaugurando así la Primera Guerra Mundial.

Tendré que escribirle al profesor Barbero y preguntarle si le parece que las cualidades para atraer el infortunio que nuestro expresidente Zapatero exhibe son o no más poderosas que las de Below-Saleske. A lo mejor son figuraciones mías, pero lo hicieron secretario general del PSOE y el partido está como si hubiera pasado Atila; llegó a la presidencia del Gobierno gracias al mayor atentado terrorista de la historia de Europa; sacó las tropas de Irak y animó a los demás para que hicieran lo mismo y ese país no levanta cabeza; se empeñó en solucionar el problema catalán con un nuevo estatuto y ya se ve cómo está eso; viajó a Siria a hablar no se sabe qué con Asad y a los pocos meses estalló allí la guerra; viajó también a Trípoli a entrevistarse con Gadafi y en Libia pasó enseguida lo mismo, amén de la suerte que corrió el coronel. Yo no soy un experto, pero los signos me parecen inequívocos.

Cuentan las noticias que este peligroso personaje se halla de visita en Caracas, donde la situación es mucho más inestable de lo que lo era en Siria o Libia cuando desafiaron a la suerte recibiendo al sujeto. Plantéense los venezolanos de buena fe que lean esto, aunque no crean en el mal de ojo pero en consideración a que no cuesta nada, tocar madera, mejor si lo hacen dando a la mano forma de cuernos o, si están con gente de confianza y son varones, llevarse las manos a sus partes para contrarrestar la desdicha que el individuo puede traer a su país. Quienes se lo encuentren por las calles de Caracas pueden emplear el remedio que aconseja el maestro Riccardo Morbelli, experto en supersticiones y sortilegios, esto es, orinar sobre las huellas que vaya dejando el gafe al caminar. No digo yo que sea indispensable comportarse de tan zafia manera, pero, si pueden vencer el pudor y creen que encontrarán comprensión cuando expliquen por qué lo hacen, no descarten recurrir a este remedio de probada eficacia. Viviendo la crisis que está viviendo Venezuela, la presencia de Zapatero en Caracas no es que sea una temeridad, es un desafío.

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