Un congreso de Valencia para Casado

Emilio Campmany

Un manto de corrección política ha caído sobre Génova, 13. Los medios de comunicación oficiales y todo el establishment patrio interpretan que Casado se equivocó girando a la derecha y aconsejan que lo que debe hacer ahora es volverse hacia el centro. Se recuerdan ahora los éxitos de Rajoy, que, desde la moderación, supo aglutinar el voto de la derecha española. La recomendación ha echado raíces en el jardín genovés y todos los que iban a ser candidatos con Casado para las municipales y autonómicas abrazando los viejos principios del PP reniegan ahora de ellos como se repudia a una mujer al día siguiente de haberle jurado lealtad por haber surgido la ocasión de casarse con una más rica.

La operación es inmoral. Da una idea de cuánto habría tardado Casado en abandonar los redescubiertos principios de haber llegado al Gobierno. En definitiva, pretende hacer lo mismo que Rajoy, que intentó en 2008 ganar unas elecciones con los principios y, al no conseguirlo, se desprendió de ellos como quien se cambia de calzoncillos. La estrategia da por hecho que lo importante es quién encabece el partido, no las ideas que tenga. Igual que Rajoy valió para dirigir la oposición a la negociación con ETA y luego para asumirla y santificarla, Casado quiere valer para recuperar los ideales del PP y para abandonarlos después.

El periodismo del régimen saluda con júbilo que el PP de Casado se haya dado cuenta de que para lo que está (y por lo que se le tolera, aunque eso no lo dicen así) es para gestionar el régimen cuando la excesiva liberalidad socialista lo quiebra, recuperar la economía y que pueda otra vez venir el PSOE a despilfarrar. Ahora, si lo que pretende es combatir las ideas socialistas que cada vez empapan más nuestra sociedad, que se olvide.

Con todo, la estrategia no sólo es inmoral, sino equivocada. Rajoy no ganó las elecciones de 2011 por prescindir de las ideas con las que perdió en 2008, sino por los errores de Zapatero y por haber traicionado éste a su electorado plegándose a las exigencias de la UE, Estados Unidos y China. Asimismo, la derrota de Casado en 2019 no se debe a su intento de recuperar la fe en la ideología liberal-conservadora. Se debe a que una parte de su potencial electorado no le creyó. En la firmeza en la defensa de la unidad de España era mucho más fiable Ciudadanos, y en el deseo de gobernar con los valores conservadores era más creíble Vox.

¿De verdad creen en Génova que pueden recuperar a los votantes perdidos volviendo a no ser nada, presentando como único aval su capacidad de gestión? Si tan seguros están de que, con las tácticas de Rajoy, volverán a ser el gran partido de centroderecha que un día fueron, debería salir Casado en la tele prometiendo bajar los impuestos y añadiendo, para que no se preocupen los votantes de izquierda, que, cuando gane, los subirá aún más que Sánchez. Parece mentira que una estrategia tan claramente ganadora no se les haya ocurrido antes.

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