Syriza

Tsipras, la esperanza de Rajoy

Emilio Campmany

Se suponía que Podemos venía a acabar con el bipartidismo. Y a lo más que aspira es a integrarse en él. Porque el bipartidismo es parte del sistema. Da igual cuáles sean los dos grandes partidos, lo que es seguro es que siempre habrá dos grandes y que el tercero y el cuarto, en la medida en que sean de ámbito nacional, serán casi irrelevantes. Lo propicia la Ley D'Hondt en las circunscripciones pequeñas, donde se reparten tan pocos escaños y se premia tanto a los dos primeros partidos que es imposible que en ellas logre representación un tercero. Pero también lo facilita la presencia de CiU. El partido nacionalista hace el papel de bisagra porque sus exigencias para completar cualquier mayoría nunca tienen mucho alcance programático ni incluyen la demanda de ocupar una o varias carteras, como pediría cualquier bisagra de ámbito nacional. Por eso PP y PSOE siempre prefieren a CiU, porque es más cómodo, aunque sea más caro. En tales condiciones, votar a un aspirante a partido bisagra, como podría haberlo sido en su día el CDS, no tiene sentido, porque nunca le darán la oportunidad de serlo.

Así que es muy improbable que en las próximas elecciones generales PP, PSOE y Podemos se repartan escaños a partes casi iguales, como sugieren algunas encuestas. Admitiendo que el voto de derechas irá mayoritariamente al PP, la cuestión es si Podemos se limitará a recoger el tradicional voto comunista, con un máximo de entre 20 y 30 escaños, o si será capaz de suceder al PSOE como segunda pata del sistema. El PP da por hecho que será esto último y, metido ya en campaña, limita sus ataques a Podemos e ignora al PSOE. Que tal cosa suceda no depende sin embargo de la voluntad del PP. Depende de muchas otras cosas, entre otras, de lo que pase en Grecia. Tsipras intentará apretarle las tuercas a Bruselas. Y Bruselas cederá tanto como pueda con tal de evitar una crisis en la Unión y en el euro. Si su indulgencia llega muy lejos, Syriza se apuntará un tanto y Podemos recibirá un tremendo espaldarazo.

¿Qué probabilidades hay de que una cosa así ocurra? Creo que muchas. No tanto por Bruselas como por la debilidad de Angela Merkel. Los brotes antiislamistas que hoy padece Alemania, como su pasado, que hoy se recuerda con ocasión del aniversario de la liberación de Auschwitz, impiden a Merkel ser excesivamente dura con los griegos so pena de ser acusada de racista. Si Syriza consigue que se ablande, se producirá en España el escenario con el que sueña Arriola, una lucha electoral donde sólo contarán Rajoy y Pablo Iglesias. Espera el malagueño que entonces muchos electores abstencionistas salgan a regañadientes a la calle a votar al PP. Y es posible que tenga razón. Lo que parece darles igual a Rajoy y a él es que, si el líder de la oposición es finalmente Pablo Iglesias, éste se habrá ganado el derecho a ser algún día presidente del Gobierno, si no en 2016, en 2020 o más allá. Insensatos.

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