Financiación autonómica

Trile de tercera

Emilio Campmany

Mientras España se viste de luto para llorar a las decenas de muertos calcinados en la pista de Barajas, nos enteramos de que Zapatero se librará de tener que comparecer ante el Congreso de los Diputados para explicar cómo va a resolver el sudoku imposible de la financiación autonómica en el que, por mucho que quiera, nunca podrá cuadrar los privilegios del Estatuto de Cataluña con la igualdad de todas las Comunidades Autónomas.

Los muy catalanistas de ERC y CiU se quejan de que los también catalanistas rojiverdes de Iniciativa han retirado una petición de comparecencia que Zapatero habría tenido que atender porque todos la iban a apoyar. Pero luego se han negado a votar la que, con la misma finalidad, había presentado el PP. Total, que Zapatero no tendrá que explicar lo inexplicable gracias a que los más interesados en conocer sus explicaciones, unos por acción y otros por omisión, han preferido liberarle por ahora de hacerlo.

Es un secreto a voces que a los Joanes de Iniciativa, al diputado Herrera y al consejero Saura, se les ha prometido algo más concreto que el vago compromiso de resolver el sudoku dentro de tres meses. Y no es imposible que algo similar se haya hecho con ERC y CiU para que no respalden la petición del PP. Ahora, lo seguro es que, sea lo que sea, Zapatero no lo cumplirá.

Lo ha hecho una y otra vez. La maña consiste en conseguir que el otro le dé hoy algo a cambio de la promesa de dar él mañana otra cosa de igual o superior valor. Naturalmente, cuando el mañana llega y ya nadie le puede privar de lo que se le dio, el taimado leonés escurre el bulto y de un modo o de otro se libra de cumplir lo que prometió.

Zapatero juega con una ventaja. Como se trata de acuerdos que no interesa que la opinión pública conozca, es necesario posponer el cumplimiento de lo que a una parte incumbe para evitar que se haga patente el mutuo condicionamiento al que se sujetan las dos obligaciones. Y Zapatero siempre se las apaña para que le toque a él gozar del privilegio de aplazar el cumplimiento de lo que le corresponde.

El presidente ha empleado con éxito este truco con Rajoy, con Maragall, con Mas e incluso con Montilla. Con todos le ha salido bien. La única que supo no caer en la trampa fue la ETA, a la que pidió que entregara hoy las armas a cambio de darle mañana la autodeterminación. Los terroristas, que son asesinos pero no tontos, no picaron y se limitaron a ofrecer un alto el fuego indefinido, que revocaron cuando se dieron cuenta que Zapatero no cumpliría lo que les prometió porque tendría para él un coste electoral inaceptable.

Parece mentira que estos comunistas catalanes, tan listos, tan patriotas y tan ecologistas, hayan picado y vayan a ser las enésimas víctimas de las triquiñuelas de Zapatero.

Decía Andreotti que en la política española manca finezza. Falta algo más que eso.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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