Corrupción

Todos son iguales

Emilio Campmany

No lo digo yo, que también. Lo dice Esteban González Pons. Por una vez y sin que sirva de precedente, el gerifalte del PP ha dicho una verdad como un puño:

El PP es un partido de votantes tan honrados como todos, de dirigentes tan honrados como todos, un partido tan honrado como todos, pero el único que puede sacar a España de la crisis y la va a sacar.

Prescindamos de los votantes, que pueden ser más o menos honrados con independencia de lo que voten. Fijémonos en los dirigentes. Según Pons, pues, los dirigentes del PP son tan honrados como todos. Es decir, los dirigentes del PP son tan honrados como los del PSOE, por ejemplo. Son todos igual de honrados. Lo mismo da que me da lo mismo. Todos son iguales. Esta dolorosa confesión proviene del hecho inequívoco de que el PP pagó a alguno de sus contratistas con dinero negro.

Sin embargo, González Pons identifica una diferencia, algo sustancial que hace que los del PP sean mejores que los del PSOE. No está pensando en la honradez, que ya ha dicho que son tan honrados unos como otros. La diferencia está en la eficacia. Afirma que, no obstante ser todos igual de honrados, el PP es el que puede sacar a España de la crisis y lo va a hacer. Traducido al román paladino, lo que ha venido a reconocer Pons es que en efecto, los populares son tan corruptos como los del PSOE y que nada hay, en cuestión de honradez, que los diferencie, pero que ellos, robando tanto como los otros, al menos serán capaces de sacar a España de la crisis. Podría haber contado el chiste de la autopista, ese en que un alcalde andaluz, de visita oficial en una ciudad alemana, queda maravillado por el lujo de la casa del alcalde germano que es su anfitrión. Éste le explica que su riqueza es debida a la autopista que pasa por delante de su casa. "¿La ves? –pregunta el jefe del consistorio teutón–. De las comisiones de su construcción sale todo lo que hoy poseo". Cuando al cabo de los años el alemán devuelve la visita al español, aquél queda asombrado del fastuoso cortijo donde vive el alcalde andaluz. Éste le pide que se asome a la ventana para que vea la autopista que pasa junto a él: "¿La ves?". El alemán niega con la cabeza porque por allí no pasa ninguna autopista. "Pues eso –aclara el español–. De las comisiones de esa autopista que se proyectó y nunca se hizo proviene toda esta riqueza".

O sea, que en materia de corrupción, viene a decir Pons, todavía hay clases. Están los que no hacen las autopistas, que son los socialistas, y están los que las hacen, que son ellos. La diferencia entre unos y otros, que todos son igual de honrados, estriba pues en que los segundos al menos arreglarán la economía. Lo gracioso, si es que algo puede serlo en este páramo ético, es que, queriendo proporcionarnos una pobre razón para votarles, ni siquiera ese objetivo lograrán.

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