Fusión Antena 3-La Sexta

Todos quieren un Polanco

Emilio Campmany

Todos quieren de mayores tener un Polanco. Cuando la derecha regaló el poder a los socialistas en 1982, jamás pensó que le tocaría atravesar un larguísimo desierto de catorce años. La incombustibilidad de Felipe González se explicó por el apoyo del gran Berta mediático, el Grupo Prisa de Jesús Polanco. Naturalmente, el cántabro pasó la factura. Hubo de todo. Canal Plus, un canal de pago que vivió de emitir pornografía, se concedió porque se consideró su emisión de interés general. Con el Antenicidio, la SER se quedó con todos los postes de Antena 3 Radio y detentó una posición dominante en el mercado, no obstante una sentencia que la condenó a desprenderse de ellos. Por otro lado, muchas de las ayudas a países en vías de desarrollo se condicionaron a que el dinero se gastara comprando cosas a Eductrade o a Sanitrade, empresas de Polanco.

Aznar quiso tener su Polanco y entregó Telefónica a Juan Villalonga para que montara un imperio rival, en beneficio del interés general. Al final, Polanco se comió Vía Digital, que era el mascarón de proa de la operación, con el engaño de que Prisa ayudaría a Aznar. Polanco volvió a tener el monopolio de la televisión de pago y Aznar recibió de Prisa más palos que una estera.

Zapatero también quiso tener su Polanco porque del genuino, con buen olfato, no se fiaba. De modo que, también por interés general, concedió un canal analógico a La Sexta de Contreras y Roures, para que cuando sólo hubiera canales digitales tuvieran los suficientes metros de ventaja. La operación fue engrasada con generosos créditos. Como Contreras y Roures no le llegaban a Polanco a la altura del talón –ni Zapatero al de Felipe González, que todo hay que decirlo–, la operación fracasó.

Ahora es Rajoy quien quiere tener su Polanco. El elegido ha sido José Manuel Lara, que lleva mucho tiempo ganándose el puesto, dando jabón a Rajoy candidato y a Rajoy presidente desde La Razón. No tanto desde Antena 3, no fuera a ser que se acostumbrara. La Comisión Nacional de la Competencia se había puesto farruca, así que había llegado el momento de cobrar los favores y pedir al Gobierno que, por interés general, aliviase las exigencias impuestas por aquélla para que Antena 3 pueda comprar La Sexta. Y Rajoy, que debe de ser que está el país como una balsa de aceite y no hay otra cosa de la que ocuparse, se las ha aliviado.

Veremos si esta vez también sale mal. Dependerá. En las anteriores ocasiones fue así porque todo Polanco, para triunfar, necesita su Cebrián, del mismo modo que el Padrino jamás hubiera llegado adonde llegó sin tener a Luca Brasi tras de sí. Ni Villalonga, ni Contreras ni Roures tenían un Cebrián. Veremos si Francisco Marhuenda se presta, y tiene el talento necesario, para ser el Cebrián de Lara. Y todo, naturalmente, por el interés general.

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