Todas direcciones

Emilio Campmany

Es cada vez más frecuente encontrarse con bifurcaciones donde las señales ofrecen, por un lado, una opción concretísima, tal ciudad, tal pueblo, tal calle y, por otro, la más genérica de las posibilidades, todas direcciones. Quien haya inventado la fórmula ha demostrado ser un pésimo ingeniero de caminos pero es desde luego un dotadísimo psicólogo. Es la manera de evitar la desazón de verse perdido, aunque en realidad se esté. Si uno va a esa ciudad, pueblo o calle, no hay problema. Y si va a otro sitio, tampoco lo hay, se coge en dirección a todas direcciones y, por recóndito y remoto que sea el lugar al que uno se dirige, estará incluido en la señal.

El invento ha resultado ser especialmente útil para nuestros políticos, los que no son nacionalistas ni independentistas. Creen que el problema del independentismo catalán, si no se resuelve con dinero, lo hará con una reforma constitucional. La verdad es que dinero se les ha dado a puñados y no han rebajado un punto su exigencia. Como tampoco han reclamado ninguna reforma que pudiera apaciguarles, sino cualquiera que les permita acceder a la independencia.

Pero supongamos que existe una reforma constitucional que, sin romper la unidad de España, pudiera ser satisfactoria para los independentistas catalanes. Y sigamos suponiendo que los políticos españoles saben qué reforma es esa. ¿Por qué no nos la cuentan? Los mal pensados creen que no nos lo dicen porque saben que a los demás no nos va a gustar. Pero, quia, es peor que eso. No tienen ni idea. Ni siquiera tienen acotadas las opciones con las que cuentan. Esperan ingenuamente que un día, a base de dialogar y dialogar, los independentistas confiesen que se conformarían con esto y aquello. Y si no rompe la unidad de España, se les da y a descansar un par de lustros. O sea, que no sólo no saben ir a donde se supone que quieren ir, sino que tampoco saben a dónde ir a la espera de que los independentistas se lo digan. Por eso lo que hacen es lo que todos cuando estamos perdidos, seguir las señales que indican en todas direcciones.

Naturalmente, los independentistas saben muy bien a dónde van y cogen sistemáticamente todos los desvíos que se dirigen a la independencia. Y no van a detenerse hasta que la alcancen. Eso no quita para que por el camino puedan aceptar, incluso de buen grado, todo lo que se les ofrezca. ¿Que quieren regalarme no sé cuántos miles de millones de euros? Que me los regalen. ¿Que quieren darme una agencia tributaria para mí solo? Que me la den. ¿Que quieren reconocerme como nación? Que me reconozcan. Todo lo que el Gobierno y el PSOE quieran dar lo aceptarán encantados.

Soraya ha invitado a Antonio Hernando a subirse a su Audi y ha dado orden al chófer de seguir las indicaciones de "todas direcciones". Lo malo es que vamos todos subidos a ese coche y ya veremos dónde acabamos. En Primark desde luego no acaba el viaje.

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